Follow the Money! Algunas preguntas básicas sobre el dinero estatal para la cultura (Parte 1)

La presentación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) suele dar mucho que hablar. Qué partidas aumentan, cuáles se recortan, qué opinan los afectados, la oposición, el Gobierno... Como no podía ser de otra manera en año electoral -y a pesar de la inusual fecha elegida, a principios de agosto- el Proyecto de Presupuestos para 2016 ha generado no pocas conversaciones y artículos.
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¿Cuánto?

En lo que afecta a la cultura el reparto del dinero ha sido ligeramente más generoso que el que se estableció para el año actual: 803.669.880 de euros para el 2016 frente a los 749.157.510 de euros de 2015 (cifras que incluyen la amortización de la deuda y otros gastos financieros similares destinados, por ejemplo, a compensar la depreciación de los elementos patrimoniales y que, como tales, no son dinero que se pueda “gastar”).

Así pues, el presupuesto de Cultura para 2016 muestra un aumento real de un 7,3%, de la misma manera que también han crecido (y en mayor medida) otras partidas de alto impacto social, como Educación o Sanidad. Hasta ahí nada fuera del guión electoral.

Sin embargo, a la hora de recibir información sobre los presupuestos culturales cuesta mantenerse al margen de las meras especulaciones que parecen intoxicar muchos análisis de las políticas culturales en España.

La cultura posee un potente poder alegórico, razón por la cual es recurrentemente utilizada como una motivadora herramienta para la creación de opinión. Por eso, las corrientes preelectorales imperantes en los medios de comunicación y la falta de rigor con la que en demasiados casos se informa, enturbian aún más a un sector de la cultura notablemente débil y, en demasiados casos, expuesto a la perniciosa deriva de la instrumentalización.

Es un hecho que, entre unos medios de comunicación y otros, ni siquiera hay coincidencia en la proporción en la que la cuantía a cultura ha subido en los presupuestos. Así pues, la prensa ha reflejado porcentajes de aumento tan dispares como un 7,2% o un 12,32%, cifra esta última que en realidad se limita a la asignación que ha recibido la Secretaría de Estado de Cultura que, aunque pudiera parecerlo, no es ni mucho menos la cantidad total que la Administración General del Estado destina a la actividad cultural.

Es cierto que la forma en la que se establece el reparto del dinero para la cultura puede originar muchas confusiones, además de diversas lecturas e interpretaciones. Pero no es menos cierto que, por eso, es imprescindible analizar más pausadamente los datos.

Ante la falta generalizada de detalles y claridad informativa, lo más recomendable es consultar las fuentes directas: el Proyecto de Presupuestos para 2016. Sin embargo, los PGE son documentos ciertamente complejos y difíciles de comprender incluso tras una dedicada lectura del documento Introducción a la lectura de los presupuestos generales del Estado.

Por eso iniciativas como ¿Dónde van mis impuestos? resultan muy de agradecer, ya que aportan transparencia y usabilidad a unos datos que, tal cual se presentan por parte del Gobierno, resultan ciertamente crípticos y por tanto poco útiles para el ciudadano de a pie. Es a partir de los datos donde se hacen muy necesarias las lecturas de análisis específicas para la cultura.

¿Dónde?

Para poder conocer cuánto dinero asigna el Estado a la cultura en realidad es necesario rastrear, con espíritu investigador y buenas dosis de paciencia, las diversas partidas y secciones de los PGE pues, y puede que esto sorprenda a más de uno, no todo el dinero está en “Cultura”.

El proceso conlleva recorrer y extraer datos colocados en muy diversas áreas de la Administración General del Estado (AGE). Si uno se limita a analizarlos desde una perspectiva ministerial, pueden encontrarse partidas presupuestarias asignadas a la cultura gestionadas por cinco ministerios distintos: Ministerio de Fomento, Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, Ministerio de la Presidencia, Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Por esta razón, cuando se habla de lo que el Estado asigna a la cultura en España no hay que limitarse a mirar en un solo ministerio, en este caso, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Por otra parte, este hecho pone en evidencia que la Secretaría de Estado de Cultura en realidad es una unidad administrativa más -quizás la más importante- de las varias encargadas de la gestión de la cultura en la AGE. Un asunto de importante dimensión estratégica y política que este artículo retomará en su segunda parte.

Pero la búsqueda del dinero que el Estado da a la cultura no ha de limitarse a la AGE, a pesar de su ya de por sí extensa complejidad. En realidad, el grueso de la asignación económica que el Estado otorga a la cultura se transfiere a las Comunidades Autónomas y a las entidades locales, que gestionan de manera directa este presupuesto.

Por tanto, son las Comunidades Autónomas, las diputaciones y los ayuntamientos -y no la administración central- quienes con sus políticas culturales ejercen verdaderamente un mayor impacto en la cultura, por volumen presupuestario además de por su privilegiada cercanía a los diversos agentes culturales.

Aquellos interesados pueden consultar más detalles en el último Anuario de Estadísticas Culturales 2014, cuyos reveladores gráficos sobre el gasto consolidado en cultura (cifras de 2012) se reproducen a continuación.

Pero hay que admitir que si el mapa de competencias de la cultura ya es complicado en la AGE, la labor de ampliar esta modesta brújula del dinero para cultura a las CCAA, diputaciones y ayuntamientos adquiriría cotas de complejidad extremas para los objetivos de un artículo, por muy extenso que este pudiera ser.

Por eso, hecha esta aclaración, el concepto de dinero estatal para cultura se ha de limitar en este análisis al que de forma directa gestiona la propia AGE. ¿Qué dinero es este? Se explica en detalle en la segunda parte de este artículo, que responde a las preguntas de qué y para qué se asigna dinero a la cultura en España.

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