La economía colaborativa, un soporte para emprender

Las diferentes opciones que ofrece este sector, cada vez más asentado en España, favorecen no sólo el ahorro que supone compartir gastos, sino también el intercambio de conocimientos, la generación de redes de innovación interconectadas, capaces de llevar a cabo grandes proyectos gracias a la colaboración de distintos profesionales, y el acceso a nuevas fórmulas de financiación y de inversión.
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No es fácil dar el paso y tirarse a la piscina del emprendimiento. Es un trabajo arduo que necesita de financiación, contactos, paciencia para lidiar con proveedores y determinación para encontrar clientes.

Afortunadamente, en los últimos tiempos la mayoría de esos aspectos han mejorado gracias a las nuevas tecnologías y a los entornos colaborativos que se han generado en torno a ellas.

“Podemos entender la colaboración como la relación entre personas y entidades que trabajan juntas para atender un reto común complejo y que individualmente no se podría afrontar”, explica Carlos G. de Juan, conector de OuiShare en Madrid.

Esta organización, que lleva casi cuatro años funcionando en España, tiene por objetivo fomentar toda aquella iniciativa económica basada en el concepto conocido como win-win (en el que todas las partes ganan).

“Es una red global de proyectos y personas que exploran los extremos y las intersecciones de las economías colaborativas, las comunidades emergentes y las transformaciones”, concreta G. de Juan.

En su opinión, emprender en este ambiente tiene grandes ventajas, “no sólo en el plano de la economía favoreciendo la generación de nuevas posibilidades; también, y más importante, en el plano social con la regeneración de la confianza entre las personas, dado que los modelos colaborativos sólo son eficaces cuando la confianza es el medio sobre el que se pasa a la acción”.

Un pensamiento que comparte Julie de Vara, responsable del negocio internacional de Yescapa, una startup francesa de alquiler de autocaravanas entre particulares que lleva un año funcionando en España.

“Arrancar un negocio colaborativo es formar parte del elenco de emprendedores que apuestan por modelos disruptivos e innovadores. Es promover el vivir mejor con menos junto a una serie de valores positivos, creados y aplicados por los usuarios de estas plataformas”, afirma.

Además del beneficio social que supone arrancar un negocio a través de esta vía y del soporte que generan al nuevo emprendedor, la economía colaborativa se ha convertido en foco de atención de muchos inversores.

Según un informe reciente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), de 2000 a 2015 las iniciativas relacionadas con la economía colaborativa acumularon una inversión cercana a los 26.000 millones de dólares a nivel global.

De esa cantidad, aproximadamente la mitad se consiguió durante el pasado año. Unas cifras que demuestran que plataformas de este calibre han llegado para quedarse durante una buena temporada.

CNMC
Fuente: CNMC

No obstante, Julie de Vara advierte que no todo son pros en el entorno empresarial colaborativo: “En el sector en el que se mueve Yescapa los problemas emanan de la falta de regulación de estas actividades. Tras las huelgas y las quejas presentadas por empresas del sector tradicional, algunas plataformas se vieron obligadas a prohibir su actividad en ciertas comunidades autónomas. Al promover un negocio de carácter colaborativo es imprescindible proporcionar la información necesaria para que los usuarios de estas plataformas cumplan con las reglas existentes”, comenta.

Carlos G. de Juan va más allá y apunta que la principal desventaja de emprender a través de esta cultura es “el miedo que genera el cambio a otras lógicas que piensan más en compartir, descentralizar y distribuir”.

En su opinión, ser colaborativo requiere previamente de un desaprendizaje de los modelos convencionales adoptados en el siglo XX, basados en la competición que genera la relación ganar-perder desde una lógica de escasez centralizada en el dinero.

“Desde la colaboración hablamos del win-win, abrir horizontes de abundancia a nuevas formas de ganar, yendo más lejos del aspecto del dinero. Hablamos de proyectos donde invitar a participar y crear algo juntos”, explica de Juan.

Bajo esta premisa, la división española de OuiShare quiere trabajar con administraciones públicas, organizaciones privadas y la sociedad civil “para generar puentes de cocreación entre sí e impulsando modelos colaborativos y economías colaborativas emergentes”.

‘Coworking’ no es compartir oficina

Este tipo de valores son los que también giran en torno al concepto de coworking, que erróneamente se suele entender como alquilar un espacio de trabajo compartido para ahorrar costes.

“La filosofía del coworking está enfocada a que cada emprendedor que lo forma pueda nutrir al resto con sus conocimientos y experiencia para que todos puedan medrar por igual”, explica Javier Moral, fundador de Fangaloka Innovation & Talent.

En su opinión fomentar la competencia entre empresas y profesionales de un mismo campo es un error. “En un espacio de coworking como el nuestro podrían convivir perfectamente dos diseñadores gráficos, por ejemplo, porque ningún profesional es igual a otro y todos desde su experiencia pueden aportar al conjunto. De hecho, cada uno tendrá sus clientes y se pueden ayudar mutuamente, no hay por qué competir”, apunta Moral.

Según el responsable de Fangaloka, el coworking fue una de las primeras iniciativas de economía colaborativa que aparecieron a nivel global. “De hecho, la mayoría de las empresas de este ámbito que ahora funcionan en el mercado salieron de espacios como éste”, comenta.

En España aparecieron en 2009 y a día de hoy existen unos 1.500 centros de este tipo, “aunque apenas son 40 los que abogan por esa filosofía. El resto sólo funcionan como negocio inmobiliario”.

La sociedad gestionada por Moral nació hace poco más de un año, está localizada en Móstoles (Madrid) y ya cuenta con medio centenar de coworkers. “Nos hemos marcado como objetivo ser un foco de innovación en la zona sur de la comunidad”, afirma.

Y para conseguirlo, los responsables de Fangaloka no sólo aportan el espacio y tejen la red de contactos. También ofrecen jornadas de formación y buscan proyectos, públicos y privados, en los que puedan participar sus clientes. “Todo el mundo gana porque todo el mundo participa, todo el mundo aporta y todo el mundo recibe”.

Coworkingmanifesto copia
Fuente: Fangaloka Innovation & Talent.

Cofinanciando

La economía colaborativa también puede ayudar al emprendedor a encontrar financiación para su proyecto más allá de las fórmulas tradicionales. Principalmente gracias a las plataformas de crowdfunding, que sirven para captar de forma masiva pequeñas inversiones para arrancar un negocio o proyecto a cambio de una recompensa no económica que suele estar relacionada con esa nueva actividad.

Pero también existe el crowdequity, que implica una inversión a cambio de beneficios, y el crowdlending, para conseguir prestamistas que inviertan su capital privado a cambio de un tipo de interés. “Estas fórmulas consiguen evitar intermediarios, identificar el proyecto con una serie de valores y fomentar la participación y la transparencia en la financiación. Por otra parte, los inversores que optan por este tipo de fórmulas no tienen como principal objetivo el beneficio en el corto plazo”, apunta Javier Ramos, investigador asociado en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI).

Hay multitud de plataformas de este tipo, aunque algunas están muy centradas en el mundo del emprendimiento, como Bestaker, Capital Cell (ésta especializada en proyectos biotecnológicos, muchos de ellos centrados en mejorar el mundo de la salud) y Lignum Capital.

“Se trata de un nicho de mercado con un gran impacto social, ya que fomenta la aparición de nuevos sectores de actividad económica en los que la financiación es difícil de obtener; promueve la formalización de empleo sumergido, y da nuevas oportunidades a grupos de personas con problemas de inserción laboral”, asegura Ramos.

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