La experiencia de migrar a las grandes urbes latinoamericanas

Buenos Aires, San Pablo y Santiago de Chile son las ciudades más elegidas por las mujeres migrantes en Sudamérica. Los principales motivos que las llevan a migrar son las dificultades económicas.
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Fuente: Fundación Pilares

En los últimos años, las mujeres tomaron un protagonismo mucho mayor en las migraciones latinoamericanas. Ellas migran a las grandes ciudades con la esperanza de encontrar nuevas oportunidades como: la posibilidad de obtener sus propios ingresos; tener una independencia económica y social, y el acceso a la educación formal, entre otras. Al mismo tiempo, pueden aparecer riesgos sociales para aquellas mujeres que deciden dejar su país de origen. Los más comunes son la escasez de vivienda y la falta de acceso a distintos servicios.

Respecto a la migración sudamericana, los principales destinos son Argentina, Chile y Brasil. De acuerdo con el estudio de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) Experiencias de mujeres migrantes en Buenos Aires, Santiago de Chile y San Pablo, las dificultades económicas son las principales motivaciones para el desplazamiento migratorio de las mujeres migrantes entrevistadas.

En el caso de Argentina, desde 1950, es uno de los principales destinos de las migraciones del cono sur americano. El 80% de la población migrante se establece en el área metropolitana de Buenos Aires. Las personas nacidas en el extranjero constituyen el 13% de la población de la capital, porcentaje que supera ampliamente la media nacional, que es 4,5%.

En el caso de Chile, en los últimos 15 años se experimentó un aumento de la migración regional, siendo esta población principalmente joven y femenina. La migración internacional está fuertemente concentrada en la Región Metropolitana de Santiago, residiendo el 69% de los migrantes del país, con una población femenina de 51%.

En tercer lugar, Brasil comenzó a recibir flujos migratorios de los países limítrofes en los 90, especialmente de Bolivia, Paraguay y Perú. San Pablo es la ciudad con mayor concentración de población migrante, 3%, superando el 1% de la media nacional.

Según la investigación de la OIM, Buenos Aires suele ser más conocida por la larga tradición migratoria de la ciudad. Por este motivo, las redes con las que pueden contar estas mujeres se vuelven más extensas. Santiago de Chile y San Pablo, se construyen como ciudades con grandes oportunidades laborales, pero existe cierta incertidumbre acerca de lo que podrán encontrar en destino. Además, la ciudad brasilera, presenta un obstáculo que es el idioma.

La jefa de oficina de la OIM en Uruguay, Alba Goycoechea, explica que la realidad de las mujeres migrantes no es homogénea. “Tanto los factores étnicos como los de origen van a permear la estructura de oportunidades que van a tener en los distintos contextos y ciudades”, cuenta la referente a Compromiso Empresarial.

Fuente: Fundación Pilares

Fundación Pilares, organización dedicada a promover el desarrollo integral de los niños que viven en villas de la ciudad de Buenos Aires, trabaja con más de 400 madres. El 75% de ellas son migrantes que llegaron, en su mayoría, de Paraguay, Bolivia y Perú.

Un caso es el de Eva María Núñez, quien vive en la Villa 21-24 de Barracas desde hace ocho años. Llegó sola desde Paraguay a Argentina, recién separada y dejando a su hijo de 6 años y su hija de meses allí, con la promesa de un trabajo. Pero nada salió como lo había planeado. “La señora que me trajo me pidió mi documento de identidad para llevar al consulado y no me lo devolvió más. Me había dicho que iba a tener una pieza para mí y que iba a trabajar de 8 a 17 horas. Me terminó pagando menos de lo prometido y yo trabajaba todo el día y toda la noche”, explica.

Después de ocho meses logró salir de esa casa y recuperar sus documentos gracias a un amigo y se trasladó a Barracas, otro barrio de la ciudad. Consiguió trabajo como empleada doméstica y la familia con la que trabajaba le pagó los pasajes para que pudiese traer a sus hijos a Argentina.

“Pasé muchas cosas acá, pero la Argentina me dio muchas oportunidades. Lo más duro que me pasó en la vida fue dejar a mi bebé y a mi otro hijo, pero tenía la meta de sacarlos adelante”, relata Núñez, que volvió a formar una familia y tiene dos hijos mellizos de un año.

En busca de empleo

“Las mujeres se insertan en los nichos que el mercado les permite. Muchas de ellas quedan estancadas en una dinámica cerrada del mercado de trabajo que no les permite generar nuevas habilidades o conocimientos para mejorar sus posibilidades de inserción. En otros casos, encontramos profesionales, que dejan su país de origen, y que a la condición de migrante, se le  van a sumar los factores que hacen a la realidad de la mujer en el ámbito laboral”, explica Goycoechea.

En la misma línea, el referente de la oficina regional de la OIT para América Latina y el Caribe, Guillermo Dema, señala: “Gran parte de las mujeres migrantes acceden a trabajos domésticos en hogares de terceros en situación de informalidad. En general, no cuentan con protección social, no tienen contrato de trabajo que las ampare y no aportan a los sistemas de pensiones”.

Otra cuestión a tener en cuenta entre las mujeres migrantes es que cuando la maternidad se ejerce de modo transnacional existe la necesidad de remesar para sostener financieramente a las cuidadoras en los países de origen. De esta manera, se requiere un rápido ingreso al mercado de trabajo y magnificar las posibilidades de ahorro a costa de grandes sacrificios personales. Lo mismo ocurre cuando existen proyectos de reunificación familiar.

“El gran reto de América Latina es lograr una migración equitativa y una gobernanza con la mirada puesta en este aspecto y con foco en lo laboral. Es difícil que un solo estado pueda dar respuestas efectivas a los retos que se plantean. Se necesita de la cooperación internacional y multilateral”, reflexiona Dema.

Para alquilar un espacio en las ciudades se solicita un depósito, que representa un monto muy elevado de dinero al que difícilmente pueden llegar las familias migrantes.

La vivienda, el otro gran problema

El tema de la vivienda se vislumbra como uno de los principales problemas que emergen de las experiencias en las tres ciudades. Para alquilar un espacio en las ciudades se solicita un depósito, que representa un monto muy elevado de dinero al que difícilmente pueden llegar las familias migrantes, especialmente cuando son recién llegadas.

En Buenos Aires, se suma a este requisito la presentación de la escritura de alguna propiedad radicada en la ciudad como una garantía adicional del alquiler, lo cual resulta casi imposible para las personas migrantes.

En Santiago de Chile, en algunas ocasiones, se les pide documentos de residencia o contratos de trabajo. “Las migrantes, frente a los ojos de las personas propietarias, son inquilinas potencialmente menos seguras que las nativas. Esto ocasiona que en algunas circunstancias se les pueda solicitar mayores garantías. Frente a estas dificultades las migrantes trazan diferentes estrategias habitacionales en el marco de la informalidad volviendo más imprevisible sus vivencias en la ciudad. Se alquilan habitaciones, se vive en el trabajo, en barrios precarios, se vive con otras personas”, explica el estudio Experiencias de mujeres migrantes en Buenos Aires, Santiago de Chile y San Pablo.

En Brasil y en Argentina, el derecho a la salud es universal, por lo tanto, no depende de contribuciones monetarias, contratos de trabajo ni tampoco de la regularización de la residencia. En estas ciudades las dificultades mencionadas en el acceso a la salud se relacionan con problemáticas generales de los sistemas de salud como la falta de recursos y la demora en la atención.

En Santiago de Chile la situación es diferente. Según el marco normativo, la población extranjera tiene acceso a la salud en igualdad de condiciones que los nacionales cuando su situación migratoria es regular.

“Las mujeres migrantes no son vulnerables en esencia sino porque un contexto adverso las ubica en esa situación. El desconocimiento de sus derechos y la falta de acceso a recursos que los garanticen es un aspecto preocupante de muchas mujeres migrantes”, enfatiza Mariana Calcagno, jefa de Gabinete de la Dirección General de la Mujer del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Ella coordina el Programa Todas, el cual nace a comienzos de la década del 2000 como una propuesta que intenta conjugar género y migración. El surgimiento del programa coincide con un contexto de crisis social y económica. En tales circunstancias, la condición de migrante vuelve a las personas particularmente vulnerables. El objetivo general del programa es promover la integración de las mujeres migrantes en distintos ámbitos de participación ciudadana, desde una perspectiva fundada en la equidad de género, la interculturalidad y los derechos humanos.

Un punto de inflexión en relación a los derechos de las personas migrantes en Argentina fue la sanción de la actual Ley de Migraciones, que concibe a la migración como un derecho esencial e inalienable de las personas y que establece la igualdad de derechos entre migrantes y nacionales para acceder a servicios sociales, bienes públicos, salud, educación, justicia, trabajo y seguridad social.

Según Calcagno, es valiosa la existencia de programas e instituciones del Estado que ofrezcan una respuesta integral en el marco de una legislación. En la misma línea, Goycoechea expresa: “Un avance importante es que el tema está en agenda, se empieza a incorporar a la mujer migrante dentro de la política pública”.

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