La paradoja de tratar problemas sociales complejos con proyectos innovadores

Casi todos los problemas sociales de cierto calado se caracterizan por su complejidad. Con una multiplicidad de aristas y actores involucrados, parecen comportarse como un Cubo de Rubik viviente cuya solución requiere que muchas piezas móviles encajen de forma simultánea. No es suficiente con alinear un color, sino que es necesario un cambio sistémico que afecte a todas y cada una de las caras de la figura.
Javier Crespán15 noviembre 2019
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Un caso paradigmático es la pobreza. Más allá de la falta de ingresos, la pobreza se vive como un síndrome multidimensional en el que causas y efectos interactúan y se retroalimentan de forma compleja. Sirva como ejemplo la interdependencia entre salud, educación e ingresos. Si bien la buena salud y educación son clave para mejorar las perspectivas de generación de ingresos, los bajos ingresos restringen las posibilidades de acceso a servicios de salud y educación de calidad.

En sentido similar, para las personas en situación de pobreza las oportunidades no significan mucho si no cuentan con las capacidades para aprovecharlas. Sin embargo, desarrollar capacidades a medida de oportunidades que en un determinado contexto sean escasas o improbables no parece en general una buena inversion de tiempo y esfuerzo. Las oportunidades poco comunes ni siquiera suelen entrar como opción real en los mapas mentales de la mayoría de una población.

Los grandes problemas sociales rara vez se restringen a un solo ámbito de la existencia humana, sea este la salud, la educación, la vivienda o la generación de ingresos, y normalmente abarcan aspectos tanto materiales como psicológicos y culturales. Idealmente, enfrentar este tipo de complejidades requiere de intervenciones integrales y de largo aliento. De otro modo, es difícil que se consoliden los círculos virtuosos que la autosostenibilidad de las soluciones demandas.

Incluso las aparentemente simples soluciones técnicas, como puede ser el uso de vacunas para prevenir ciertas enfermedades, acostumbran a necesitar de cambios simultáneos y duraderos en una variedad de ámbitos para garantizar la sostenibilidad de los impactos. Los éxitos de un programa de vacunación que alcance sus metas de cobertura pueden ser efímeros si no se generan condiciones institucionales (sistema de salud) y culturales (población y autoridades) que permitan darle continuidad en el tiempo.

De la actuación multidimensional a los proyectos

Y a pesar de esto, la unidad de acción básica para abordar problemas sociales tiende a ser el proyecto, particularmente cuando se trata de enfrentarlos con modelos innovadores. Si algo diferencia a los proyectos de las actividades rutinarias de cualquier organización es su naturaleza temporal y el carácter único de los resultados buscados.

Los proyectos tienen por tanto principio y fin vinculados a unos objetivos específicos que los extinguen una vez alcanzados. También un presupuesto delimitado de forma más o menos estricta con base en la temporalidad y objetivos marcados.

En principio, los objetivos de un proyecto pueden ser ambiciosos y abarcar una multiplicidad de problemáticas interrelacionadas. De la misma manera, su horizonte temporal puede ser largo, tan largo como se anticipe imprescindible para garantizar la autosostenibilidad de los resultados que se buscan.

Los proyectos tienen principio y fin vinculados a unos objetivos específicos que los extinguen una vez alcanzados.

La realidad es que este no es normalmente el caso. Para hacer los proyectos sociales más manejables (y económicos), es común descomponer problemas complejos en subproblemas acotados, parcelando la experiencia humana en compartimentos estanco sobre los que intervenir en un tiempo y a un costo razonables, de acuerdo a objetivos lo más concretos posible.

Las tareas de planificación, ejecución y evaluación de proyectos se complican mucho cuando los objetivos de referencia están definidos en forma excesivamente abstracta o genérica, o cuando son muy numerosos y sujetos a interdependencias múltiples.

Por su propia naturaleza, el formato de proyecto genera presiones para restringir el alcance de las intervenciones. Se aspira a que los objetivos sean los suficientemente específicos para permitir que, con base en ellos y de forma anticipada, se planifiquen y presupuesten actividades claras. Los objetivos deben además ofrecer un estándar preciso contra el cual evaluar los resultados de esas actividades una vez ejecutadas.

Estas presiones se aceleran cuando se trata de enfrentar problemas sociales con modelos innovadores. Ensayar lo nuevo siempre entraña riesgos, y limitar la exposición a esos riesgos restringiéndola a la duración y presupuesto de un proyecto determinado es una opción atractiva. Cuanto más acotado el proyecto, más limitada es esa exposición.

Parece natural que antes de adoptar un nuevo modelo a gran escala el mismo deba ser ensayado y evaluado dentro de los confines de un proyecto circunscrito. El reciente Premio Nobel de Economía a Banerjee, Duflo y Kremer recuerda lo mucho que el método experimental es capaz de aportar a la evaluación de distintas opciones de intervención ante un problema social. Al mismo tiempo, es una alternativa que generalmente requiere bastantes recursos, y que tampoco está exenta de retos éticos y metodológicos.    

Reclutar de forma aleatoria dos o más grupos comparables de personas, aplicando a solo uno de ellos cada modelo de intervención a evaluar para poder analizar sus efectos, no es siempre sencillo. Los costos y complicaciones logísticas de seleccionar grupos muestrales adecuados son a menudo importantes. Además, los riesgos y beneficios que el tratamiento diferenciado pueda implicar para cada grupo deben ser razonables desde un punto de vista ético.

Ensayar lo nuevo siempre entraña riesgos, y limitar la exposición a esos riesgos restringiéndola a la duración y presupuesto de un proyecto determinado es una opción atractiva.

Metodológicamente, este tipo de experimentos se basan precisamente en descomponer problemas sociales complejos en subproblemas más básicos y manejables, de tal formar que sea factible obtener respuestas claras sobre los efectos de intervenciones concretas que se proponen con respecto a los mismos. Las conclusiones que se obtienen no son siempre extrapolables, puesto que lo que funciona en un contexto no lo hará necesariamente en otro, pero los aportes del método experimental son innegables.

Los experimentos de campo no son la única alternativa disponible para evaluar los impactos de un modelo de intervención. Sin embargo, sirven como un gran ejemplo para subrayar la tensión existente entre la complejidad e interdependencia de los problemas sociales y las ventajas que parcelarlos ofrece a la hora de diseñar y evaluar soluciones para los mismos.

Es inevitable que los proyectos continúen siendo una de las herramientas básicas para afrontar problemas sociales. No parece lógico que un modelo de intervención adquiera la escala y presunción de permanencia típicamente asociada con la política pública sin antes haberlo probado con el alcance restringido y la temporalidad limitada de un proyecto.

En el mundo de la empresa y los negocios que buscan el impacto social no son una excepción; el lanzamiento de nuevos productos también suele venir precedido de proyectos que incluyen el desarrollo de prototipos y la realización de pruebas piloto. La disciplina del mercado penaliza rápidamente a los productos que no son capaces de aportar valor añadido en la satisfacción de una necesidad percibida a un precio competitivo, así que las apuestas son altas.

No se trata por tanto de superar el uso de proyectos como herramienta para enfrentar problemas sociales, sino de ser conscientes en su utilización de las limitaciones que este mecanismo de intervención ofrece ante problemas complejos que demandan cambios sistémicos.

En este sentido, es fundamental reflexionar siempre sobre cómo los proyectos individuales se insertan en procesos de cambio más amplios, de tal manera que puedan contribuir a avanzarlos. Esta es la manera de poder llegar de forma agregada a donde proyectos aislados no pueden.


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