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El doble problema de los sintecho y colectivos vulnerables: ni hogar y ni derechos

El llamado sinhogarismo se ha convertido en una crisis de derechos humanos con impacto a nivel mundial. Está presente en todos los contextos socioeconómicos (en las economías desarrolladas, emergentes y en desarrollo, en la prosperidad y en la austeridad) y requiere una respuesta global urgente a la cual “la Caixa” contribuye con sus iniciativas.
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El derecho a una vivienda, digna y adecuada aparece recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 25, apartado 1 y en el artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Pidesc), pero sigue sin cumplirse para un segmento muy importante de la población.

Esta situación de exclusión residencial es sufrida, según cifras de la ONU, por unos 1.100 millones de personas en todo el mundo, mientras que otros 100 millones no tienen acceso a ningún tipo de vivienda.

Tal y como se indica en el Informe de la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre una vivienda adecuada como elemento integrante del derecho, las definiciones de falta de hogar adoptadas por los organismos internacionales, los gobiernos, los investigadores o la sociedad civil varían ampliamente, dependiendo del idioma, las condiciones socioeconómicas, las normas culturales, los grupos afectados y el propósito para el que se define la falta de hogar.

En español, por ejemplo, se suele referir a las personas en esa situación como ‘sin hogar’, ‘sintecho’, ‘en situación de calle’ o ‘poblaciones callejeras’.

En general se acepta, sin embargo, que la experiencia de la falta de hogar en todo el mundo no queda reflejada plenamente sin una definición más amplia que vaya más allá de la referencia a la privación de refugio físico.

Las diversas dimensiones del problema del sinhogarismo

En ese sentido, y dejando de lado la discusión sobre cómo referirse a la situación de las personas que no tienen un hogar, la ONU propone realizar una definición del problema mediante un enfoque basado en los derechos humanos y explicado en las siguientes tres dimensiones:

  1. La primera dimensión se refiere a la ausencia de hogar, entendiendo por ello la ausencia tanto del aspecto material de una vivienda mínimamente adecuada como del aspecto social de un lugar seguro para establecer una familia o relaciones sociales y participar en la vida de la comunidad.
  2. La segunda dimensión considera la falta de hogar como una forma de discriminación sistémica y exclusión social, y reconoce que la privación de un hogar da lugar a una identidad social a través de la cual las personas sin hogar forman un grupo social objeto de discriminación y estigmatización.
  3. La tercera dimensión reconoce a las personas sin hogar como titulares de derechos que son resilientes en la lucha por la supervivencia y la dignidad. Con una comprensión única de los sistemas que les niegan sus derechos, las personas sin hogar pueden actuar como agentes centrales de la transformación social necesaria para la realización del derecho a una vivienda adecuada.

En lugar de ser tratados como un grupo de titulares de derechos violados sistemáticamente, las personas sin hogar se han convertido en un grupo estigmatizado objeto de criminalización, discriminación y exclusión social.

En lugar de ser tratados como un grupo de titulares de derechos violados sistemáticamente, las personas sin hogar se han convertido en un grupo estigmatizado objeto de criminalización, discriminación y exclusión social.

Estar sin hogar facilita sufrir actos de violencia, tener una vida más corta y mala salud y ser criminalizado por las estrategias de supervivencia para comer o dormir en el espacio público.

Las personas sin hogar se vuelven mudas e invisibles y son desterradas a las periferias de las ciudades, fuera de la vista. Su humanidad y dignidad raras veces se tienen en cuenta en la legislación, las políticas públicas y las estrategias.

Por tanto, queda muy patente que el sinhogarismo es algo mucho más allá de no tener un lugar donde cobijarse. Es de carácter estructural y multidimensional y, por tanto, tiene múltiples consecuencias que complican aún más la situación de las personas afectadas.

Este asunto no se ha abordado con la urgencia y la prioridad que se debería otorgar a una violación tan generalizada y grave de los derechos humanos.

La falta de hogar no se mencionó en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, está ausente de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (aunque la meta 11.1 de los Objetivos compromete a los Estados a asegurar, para 2030, el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales) y se ha mencionado en raras ocasiones en los trabajos preparatorios de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible.

Es necesario, por tanto, conceder la importancia y la urgencia que el problema realmente merece y darle una solución integral y colectiva si se quiere conseguir una sociedad más justa y en igualdad de condiciones.

“la Caixa” está sensibilizada con esta problemática y para contribuir a su erradicación realiza diferentes acciones como son la colaboración con iniciativas con esa finalidad a través de la Obra Social; la aportación de ideas y resultados científicamente respaldados que enriquezcan el debate público sobre este asunto mediante el Observatorio Social de “la Caixa”, o, de una manera más finalista, con el Programa de Alquiler Asequible  y las convocatorias de ayudas a proyectos de viviendas para la inclusión social.

La noche sin hogar, por primera vez en España

El movimiento mundial más conocido en la lucha contra el sinhogarismo, The World’s Big Sleep Out, llegará a Madrid el próximo 7 de diciembre con la organización de La noche sin hogar, actividad que tiene la intención de construir una palanca de cambio que vaya más allá de esa jornada y que sitúe al fenómeno del sinhogarismo en el foco de atención, trasladando esta problemática a todas las esferas sociales, empresariales y políticas.

En este desafío, al que están llamadas a participar simultáneamente más de 50 ciudades todo el mundo, se contará con la participación de diferentes entidades entre las cuales está Obra Social “la Caixa”, y también con grandes embajadores conocidos internacionalmente como Will Smith desde Times Square (Nueva York) o Helen Mirren desde Trafalgar Square (Londres).

Cartel promocional del evento. Fuente: 'The World's Big Sleep Out'.

La organización del evento resalta que, aunque The World’s Big Sleep Out consiste en dormir una noche al aire libre, “es importante reconocer que no se trata de fingir ser una persona sin hogar; al contrario, se trata de un acto de solidaridad,  creando empatía y conciencia con el objetivo de recaudar fondos para ayudar a las personas que no tienen otra opción”.

Los participantes que pasen la noche al raso no estarán solos y podrán presenciar actuaciones musicales, performances o intervenciones con mensajes hacia la causa.

A través de esta campaña, se espera poder recaudar un mínimo de 50 millones de dólares para ayudar a alrededor de un millón de personas sin hogar.

El 50% de lo recaudado será destinado a ayudar a los que duermen en la calle y los que sufren la falta de vivienda en cada ciudad, mientras que el 50% restante será para ayudar a más de 68,5 millones de personas desplazadas que han perdido su hogar por la guerra, desastres naturales o pobreza extrema.

Según los datos barajados por La noche sin hogar, en España hay 31.000 personas que no tienen un hogar, y un 44% de ellas llevan más de tres años en esa situación. El 74% de las plazas en albergues están orientadas a una estancia temporal, por lo que unas 8.000 personas viven en la calle cada día.

El World’s Big Sleep Out es una campaña creada por Josh Littlejohn, cofundador de la organización escocesa Social Bite, que comenzó como una pequeña tienda de sándwiches en Edimburgo que ofrecía empleo y comida gratis a personas sin hogar.

Hoy en día, Social Bite se ha convertido en una organización sin ánimo de lucro muy importante cuya misión es erradicar la falta de hogar en Escocia a través de importantes proyectos como la construcción de un aldea para albergar a personas sin techo, y el establecimiento de un programa llamado ‘housing first’ (primero la vivienda, en inglés) que ayuda a más de 830 personas a salir de la situación de la falta de vivienda.

Acceso a la vivienda, en el Observatorio Social de “la Caixa”

Entre los temas de investigación del Observatorio Social de “la Caixa”, dentro del ámbito de la inclusión social, se contempla el estudio del acceso a la vivienda mediante la realización de dossiers, informes, artículos y entrevistas a expertos en la materia.

Un ejemplo de ese trabajo es el dossier recientemente publicado Vivienda: ¿derecho o mercado? y que se centra en la inseguridad residencial de los colectivos más vulnerables y el acceso de los jóvenes a la vivienda.

En el dossier se exponen una serie de indicadores de detalle sobre la situación del sistema de vivienda en España y en el entorno europeo, con un especial énfasis en las dimensiones económica y social.

Los artículos que constituyen el núcleo del monográfico permiten entender cuestiones clave para el futuro a corto y medio plazo de la vivienda en España.

En el ámbito de la inseguridad residencial, que emerge como una preocupación de primer orden, se muestra cómo el fin de la propiedad de masas y el imparable avance del alquiler suponen un incremento de la sensación subjetiva de poder perder la vivienda debido a motivos económicos.

Proporción de hogares en riesgo de cambiar de vivienda por no poder afrontar los pagos (% de hogares). Fuente: ‘Vivienda: ¿derecho o mercado?’. Observatorio Social de “la Caixa”.

En el contexto actual, son los hogares más vulnerables los que optan en mayor medida por el alquiler, que en España es la opción más insegura desde los puntos de vista contractual y jurídico, lo cual representa un cambio en la arraigada cultura de la propiedad como vía de ahorro y estabilidad a lo largo de la vida.

La mayor inseguridad residencial en España se explica en gran medida porque el riesgo individual de perder la casa por motivos económicos es más elevado que en otros países. Esta inseguridad es transversal y afecta a otros ámbitos de la vida, tales como la salud, las relaciones sociales o la planificación vital.

Hay que atribuir el origen de este riesgo a causas externas al hogar, relacionadas con el contexto económico y con el marco institucional, legal y político, es decir, con elementos estructurales del sistema residencial español.

Además, en España, al igual que sucede en otros países del sur de Europa, son prácticamente inexistentes las políticas de vivienda social centradas en la protección de los residentes.

Las dificultades de acceso a la vivienda para la población joven

Se destaca en el dossier del Observatorio Social “la Caixa” que la población joven es uno de los colectivos demandantes de vivienda más numeroso, pero sin embargo, en los últimos años el incremento de los precios de mercado, junto con las malas condiciones de empleo a las que se enfrentan los jóvenes, ha provocado una mayor dificultad para acceder a una vivienda.

El desempleo y la precariedad influyen muy directamente en las dificultades que tienen para acceder a la vivienda, sea de alquiler o de propiedad. Se trata del colectivo más afectado por el desajuste entre el mercado residencial y el laboral.

En el artículo del Observatorio ¿Por qué los jóvenes no pueden acceder a una vivienda en propiedad?, se pone de manifiesto que la última década se ha caracterizado por una elevada tasa de desempleo juvenil. Así, por ejemplo, la proporción de la población sin trabajo entre 16 y 29 años pasó del 13% en 2007 hasta el 44% en 2013.

También, se ha incrementado sustancialmente la temporalidad de quienes trabajan, sobre todo en lo que respecta al empleo juvenil.

Por otra parte, si en el año 2004 el 11% de los jóvenes de entre 16 a 29 años tenía un contrato a tiempo parcial, en 2018 este porcentaje ascendió al 27%. En muchos casos, además, se trata de empleo parcial de carácter involuntario, ante la imposibilidad de muchos jóvenes de encontrar trabajos de jornada completa.

Ocupados a jornada a tiempo parcial por grupo de edad. Fuente: ‘Vivienda: ¿derecho o mercado?’. Observatorio Social de “la Caixa”.

Además, en el caso español las políticas de vivienda focalizadas en los jóvenes han ido perdiendo fuerza en los últimos años, lo cual ha provocado que estos accedan a la vivienda más tarde y con dificultades.

Todos estos motivos han contribuido a retrasar la edad media de emancipación entre la población joven, dificultando de este modo su proceso de transición a la vida adulta, lo cual además tiene consecuencias directas en la menor creación de nuevos hogares, así como en el descenso de la natalidad.

Los estándares utilizados por las entidades financieras recomiendan no dedicar más del 30%-35% de los ingresos mensuales a afrontar un préstamo hipotecario. Sin embargo, en la actualidad, el porcentaje del salario neto de un hogar unipersonal que debería reservarse para sufragar el importe de la primera cuota hipotecaria por una vivienda libre puede superar el 60%. Por ello, un joven solo podría comprar una vivienda, pero con mucha dificultad.

¿Qué posibilidades tienen los jóvenes de adquirir una vivienda?. Fuente: ‘Vivienda: ¿derecho o mercado?’. Observatorio Social de “la Caixa”.

España es un país donde la política de vivienda ha sido una política económica, en lugar de una política social dirigida a garantizar una necesidad básica. Este posicionamiento institucional ha implicado que la responsabilidad de sostener el proyecto de emancipación de la juventud se haya transferido al ámbito de la solidaridad familiar.

En este contexto, cada vez está emergiendo con más fuerza la fórmula de la cesión gratuita. Muchos familiares, sobre todo padres y abuelos propietarios de más de una vivienda, están cediendo gratuitamente una de ellas para que los jóvenes se puedan emancipar.

Más allá de la ayuda familiar, para la mayoría de los jóvenes la vía para acceder a una vivienda es el alquiler. Cada vez es mayor el número de ellos que se decanta por esta opción: el 49% de los jóvenes menores de 29 años vivían de alquiler en el año 2017, frente al 32% en 2008.

Sin embargo, es justamente en los alquileres donde se están registrando los mayores incrementos de precios del mercado inmobiliario. De hecho, es la mayor demanda por parte de los jóvenes la que está presionando al alza el precio medio del alquiler.

Por si lo anterior fuera poco, tal y como indica Sorcha Edwards, secretaria general de la Federación Europea de Vivienda Pública, Cooperativa y Social, Housing Europe, el vínculo entre las desigualdades que impiden la inclusión social y la vivienda se establece desde un nivel muy elemental.

Según Edwards “son dos conceptos que se refuerzan mutuamente: cuando se tiene una mala vivienda en un barrio malo, es más difícil acceder a una buena educación y a un buen empleo, y por tanto progresar. Y esta desventaja se transmite de generación a generación”.

Toda esta situación hace necesaria una reflexión sobre el presente y futuro de la juventud y sus necesidades de vivienda para garantizar que el esfuerzo económico para el pago de la vivienda no supere el máximo tolerable de los ingresos del hogar, y apoyar la creación de un parque de vivienda tanto de compra como de alquiler a precios factibles.

Como se ha podido ver a lo largo de este artículo, el acceso a un hogar digno y adecuado no es solo un derecho de las personas sino una condición necesaria para que todo el mundo pueda ser un miembro de esta sociedad en igualdad de condiciones y de posibilidades.

Negar ese acceso, aunque sea de una manera pasiva, no es algo que una sociedad inclusiva se pueda permitir. Para cambiar la actual situación es necesario el trabajo conjunto de diferentes entes y organizaciones tanto públicos como privados y a distintos niveles, que tenga como resultado una mejora de la calidad de vida de las personas que ahora no tienen un techo bajo el que dormir, o acceden a él de manera difícil o muy precaria.

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