“Los embajadores de Unicef permiten llevar nuestro mensaje muy lejos”

Diana Valcárcel, directora de Comunicación de Unicef Comité Español, habla con ‘Compromiso Empresarial’ sobre la figura de los embajadores de la organización, una vía de apoyo y de reconocimiento que lleva funcionando desde 1954 y que ha ido renovándose con el tiempo.
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Marc Márquez en su visita a Brasil. @Unicef/Fahirata

Una de las imágenes habituales al llegar las fechas navideñas es la de multitud de organizaciones y fundaciones clamando por la solidaridad, intentando captar nuevos socios para su causa. Aunque sus campañas se dejan ver a lo largo del año, la entrañable cita de final de año, tan relacionada con la paz, la felicidad, la ilusión de los niños, etc. también sirve para remover conciencias y, por ello, las campañas se intensifican.

Una de las más prestigiosas, Unicef, juega desde hace décadas con sus embajadores, personalidades normalmente asociadas al mundo del deporte y del espectáculo que prestan su imagen para llamar la atención del público sobre las difíciles realidades que viven los niños de diversas regiones del mundo más deprimidas.

En estos momentos, España aporta a la entidad una decena de embajadores, entre los que están Pau Gasol, Marc Márquez, Sergio Ramos, David Bisbal, Sara Carbonero, Ana Duato, Imanol Arias, Teresa Viejo o Juanma López Iturriaga, entre otros.

Pero, ¿qué supone convertirse en una figura de tamaño calado? Compromiso Empresarial ha podido hablar al respecto con Diana Valcárcel, directora de Comunicación de Unicef Comité Español, para conocer los detalles de esta labor.

Diana Valcárcel, directora de Comunicación de Unicef Comité Español. ©Unicef

¿Cuál es el arranque de la historia de los embajadores de Unicef?

El primer embajador fue el actor Danny Kaye, entre 1954 hasta su muerte en 1987. En un vuelo de Londres a Nueva York, en 1953, uno de los motores del avión se incendió. En ese vuelo iban Kaye y Maurice Pate, entonces director ejecutivo de Unicef, que aprovechó el trayecto para hablarle a Kaye acerca de la organización.

De esa conversación surgió un documental que recogía la visita del actor a diversos proyectos de Unicef. Durante 33 años viajó por todo el mundo dando charlas, ofreciendo espectáculos, actuando como maestro de ceremonias de eventos especiales e informando al público de las necesidades de los niños.

Han pasado 65 años desde entonces. ¿En qué consiste ahora ser embajador de Unicef? ¿A qué está comprometida la persona que accede a este cargo?

En general, nuestros embajadores son referentes del mundo del arte, la cultura, la comunicación y el deporte que están comprometidos con la visión y la misión de la organización: mejorar las vidas de todos los niños y niñas del mundo, independientemente de su lugar de origen o de su género, y que se cumplan sus derechos.

Contribuyen a reforzar la implicación de toda la sociedad con la infancia, ya que difunden su situación y el trabajo de Unicef en sus redes sociales y en medios de comunicación y dan apoyo a nuestras campañas.

Pau Gasol en su visita a los niños rohingya y sus familias en los campamentos de refugiados de Bangladesh. ©Unicef Comité Español/2018/Bosch

Como en el caso de Kaye, ¿es un cargo que se adquiere de por vida?

En principio se espera que un nombramiento de embajador sea sostenido en el tiempo, pero puede ser que alguna de las partes no quiera continuar por algún motivo y en ese caso se pone fin al compromiso.

¿Cómo se seleccionan? ¿Han de tener una serie de características estipuladas?

Normalmente son personalidades comprometidas con la causa de la infancia con perfiles solidarios. Sus procedencias son muy diferentes –mundo de la cultura, del arte, del cine, del deporte, etc.- pero todos ellos tienen el denominador común de una sensibilidad especial hacia los problemas de los niños y niñas, y con un firme compromiso: contribuir al cumplimiento de los derechos de la infancia.

¿Existen embajadores ‘grupales’? Es decir, ¿puede ser embajadora una empresa u otro organismo concreto?

Habitualmente es de carácter individual, aunque hay casos grupales como Los Lunnis, o conjuntos musicales que colaboran con la organización. A nivel de empresas u otros organismos, hay diferentes vías de colaboración. Las empresas colaboradoras son aliados de Unicef, y contribuyen con fondos a los programas para mejorar la vida de los niños. O también centros educativos, que dan su apoyo, por ejemplo, siendo centro referente de Unicef.

¿Conlleva alguna contraprestación económica entre Unicef y el embajador?

No, su labor es totalmente voluntaria y altruista, ellos ceden su tiempo, su imagen o sus redes sociales de manera desinteresada y sin ninguna remuneración económica por parte de la organización.

¿Qué serie de beneficios aportan estas figuras a la misión de la organización?

El principal beneficio es que logran un alcance increíble, y que permiten llevar el mensaje de Unicef y la voz de los niños muy lejos. Nos ayudan a llegar a personas a las que, de otra forma, no podríamos llegar, porque no siguen nuestras redes. Además, pueden visibilizar emergencias olvidadas o temas de los que nadie habla.

¿Quién ha sido el embajador más ‘rentable’ a lo largo de la historia?

No consideramos a los embajadores como ‘rentables’, sino que cada uno aporta una particularidad única y su riqueza personal a la organización. Es muy emocionante ver cómo se conmueven cuando conocen de cerca el trabajo de de la organización y la capacidad que tenemos de transformar la vida de los más pequeños en situaciones a veces muy dramáticas.

En ese momento, el hecho de que les toque el corazón significa que ese mensaje será muy largo y sostenido en el tiempo. Llega el momento de la conexión, se sienten parte de nuestra organización, de un movimiento que es capaz de transformar la vida de millones de niños. De hecho, muchos embajadores afirman que hay un antes y un después en sus vidas después de compartir unos días con los pequeños y con los trabajadores de Unicef en lugares recónditos del mundo.

En cualquier caso, en el imaginario colectivo sí que hay embajadores históricos que han dejado huella, como Audrey Hepburn. Incluso más allá de su muerte, el legado que nos ha trasladado en su lucha a favor de los niños es inmenso y duradero.

En el imaginario colectivo hay embajadores históricos que han dejado huella, como Audrey Hepburn. Incluso más allá de su muerte, el legado que nos ha trasladado en su lucha a favor de los niños es inmenso.

¿Cuál es o ha sido el embajador que más años ha ejercido en la historia de Unicef?

El primer embajador, Danny Kaye, ejerció esa labor durante 33 años. Pero también hay otras figuras destacadas que llevan o que han estado muchos años: Peter Ustinov, Roger Moore, Vanessa Redgrave, Harry Belafonte, Nana Mouskouri…

¿Se han dado casos en los que ejercer de embajador ha repercutido de forma negativa para la organización o para la persona en concreto?

La verdad es que el trabajo con embajadores, en algunas ocasiones, acarrean críticas por parte de detractores de ese personaje en cuestión, pero en general se trata de perfiles muy comprometidos con la infancia. En caso de que haya algún asunto que suponga un riesgo para la organización, se analiza caso por caso y se toman las medidas mejores para el trabajo que realiza Unicef.

¿Se prevén cambios en el futuro para estas figuras?

Desde hace un tiempo estamos incorporando a nivel global y en varios países también a jóvenes activistas. Ellos son capaces de transmitir en primera persona historias de superación que son una inspiración para otros niños y jóvenes. Lo que buscamos, hoy y en el futuro, es que haya más personas movilizadas con la infancia de la mano de Unicef.

Estamos en 190 países, en los lugares más complejos del mundo con el único objetivo de salvar, proteger e impulsar la vida de los niños. No nos rendimos. Para ello, seguiremos contando con personas que tengan capacidad de movilizar voluntades para que los niños sean felices y plenos.
 

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