Asociación Semilla: Personas que ‘despiertan’ personas

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Un día como hoy hace más de treinta años nació Semilla. El fuerte convencimiento de una pareja que quiso cambiar su vida hizo que en 1974 se creara la ‘semilla’ de esta asociación. Comenzaron en su propia casa, que abrieron a jóvenes que vivían en la calle y ejercieron de ‘padres’, en toda la extensión de la palabra, con unos doce de ellos. Hacer la comida, comprarles ropa, lavar, planchar.

Todo comenzaba desde cero. Y como en toda buena gran familia, los problemas y las dificultades se hicieron ver. Edades adolescentes, diferencias de opinión, de gustos; todos esos muros de contención que tiene que esquivar la educación. Ahora la madre, Lourdes Ibáñez, presidenta de la asociación, reconoce que fue una experiencia de la que llegó a aprender una gran lección de humildad. «Íbamos a ayudar y resulta que tienes que ir a aprender», dice hoy a sus 65 años, con una gran capacidad de reflexión.

Semilla es una entidad sin ánimo de lucro que tiene por objetivo favorecer la promoción de la comunidad y tratar de poner solución a los problemas de exclusión social mediante la incorporación de niños y jóvenes a su entorno social y escolar y la denuncia de las causas que provocan la exclusión.

Asimismo, busca la promoción humana e integral de las personas mediante programas de formación profesional y cultural orientados al desarrollo de valores y que se complementan con la orientación profesional y formativa que busca conseguir la plena incorporación al mundo laboral de los beneficiarios.

La Asociación Semilla cuenta con seis programas diferenciados, con distintos proyectos dentro de cada uno. El primero de los pasos en la asociación es la educación de calle, dirigido especialmente a adolescentes y jóvenes entre los 14 y los 17 años del distrito de Villaverde, con alto grado de absentismo y con un importante ‘desenganche’ del centro educativo de referencia.

Aquí los educadores sociales se afanan por atenderles y realizar actividades de prevención para evitar que los niños falten al colegio. «Nos mudamos de barrio porque queríamos ayudar a los demás- recuerda Lourdes Ibáñez-. Su presidenta afirma tener desde siempre ciertas inquietudes por los jóvenes en situación de exclusión. «Hasta nosotros llegaban jóvenes procedentes de familias muy desfavorecidas y apenas conocían la ducha, la verdura, tampoco sabían cómo combinar la ropa. Empezamos desde cero. Yo era trabajadora social y empecé a pedir cosas a las parroquias, a pedir dinero a los amigos, porque había mucha pobreza».

De este modo los chicos que acudían se quedaban a vivir en la casa del matrimonio, en el madrileño barrio de Villaverde.

«Cuando la casa se nos hizo pequeña, alquilamos un local para interactuar con los jóvenes. Me hice creativa para sobrevivir».

Este fue el origen de los Centros de Día, que son el segundo proyecto de la Asociación. Los Centros de Día están destinados a niños entre siete y dieciséis años que necesitan o no disponen de recursos educativos complementarios y que además sufren graves dificultades sociales, culturales o familiares.

En ellos reciben apoyo escolar, tienen acceso a talleres creativos o tutorías individuales y de grupo, además de distintas actividades lúdicas para el ocio y el tiempo libre. Por el momento, la asociación ya cuenta con tres escuelas abiertas: en el barrio del Cruce dentro del distrito de Villaverde, en el barrio de San Andrés y en el barrio de Pinar del Rey, en el distrito de Hortaleza.

Dentro de este programa también cuenta con el proyecto Adris, dedicado especialmente a los adolescentes en situación de riesgo social, financiado en su totalidad a través de un contrato de gestión de servicio público firmado con el Instituto de Madrileño del Menor y la Familia. La originalidad sigue patente en la asociación y se pone de relieve en los talleres de radio y música que dedica a los jóvenes, para que puedan expresar sus ideas a través de este canal. «Los chicos tienen dentro de sí muchos valores que comunicar- continua Lourdes-. Destacaría la generosidad.

Un ejemplo muy sencillo: antes fumaba muchísimo y les ofrecía siempre, excepto cuando me quedaban tres cigarros, que quería gastar después de la cena. Sin embargo, cuando ellos tenían tabaco siempre me daban un cigarro aunque fuese el último.

Eso es generosidad limpia. Todo esto fue despertando asombros y mis propias carencias. Fueron saliendo mis sombras, que no sabía que eran tantas. Aquí todos estamos aprendiendo es a ser personas, y ésa es la filosofía de la asociación. Las personas tienen mucho que aportar y sólo hay que ayudarles a despertar».

Después de la integración social, llega la laboral. Así, el programa de integración sociolaboral empieza con el proyecto de ‘acogida’, con aquellos jóvenes que deciden comenzar una formación en este sentido con la asociación. Se potencian los valores de autoestima y autonomía personal a través de la adquisición de valores y habilidades sociales.

Una vez los jóvenes superan los objetivos marcados por Semilla en ‘acogida’ pueden continuar su formación en las escuelas de restauración y cocina o informática, donde se les realiza un ‘acompañamiento’ laboral que puede durar hasta dos años. «Muchas veces dicen que nosotros trabajamos con jóvenes conflictivos. Sin embargo, la palabra conflictivo no nos gusta. Creo que todos somos conflictivos y podemos hacer al otro que tenemos al lado mucho daño con una lengua fina.

Nosotros trabajamos con personas que tienen posibilidades, pero que no las han conocido aún, que no se han dado cuenta de que las tienen. No tienen esa suerte y nosotros les ayudamos a descubrirlas».

RECUPERANDO PERSONAS. Los educadores de la asociación ayudan a recuperar personas. Tratan de que los niños no se descuelguen del colegio ni los jóvenes de los institutos. «La parte más difícil de nuestro trabajo es con los mayores que ya están descolgados del todo. Ellos entran en programas de acogida, donde se les trata con cercanía basada en el respeto, lo cual les extraña.

Pero es normal, si nosotros no toleramos que nos insulten, tampoco podemos insultarles. Es lógico pero les desconcierta». Después de la fase de acogida los jóvenes pasan a recibir la formación laboral que les ayudará a encontrar un trabajo. Para favorecer la integración laboral, la asociación cuenta con el Centro Integrado de Recursos de Empleo (CIRE), que viene a ser una alternativa al INEM. Las mujeres tienen aquí un punto de encuentro específico para ellas, donde se les informa, orienta y asesora en materia laboral y social; una de las más importantes novedades del último año, cuya creación corresponde a la necesidad surgida en las propias mujeres del barrio.

Como resultado nació el Aula de Confección, que ofrece dos cursos de formación en el sector y el 100% de las alumnas consigue insertarse laboralmente.

«Tenemos gente que ha dejado empresas importantes por estar aquí- afirma Lourdes Ibáñez-. Todos los profesionales ayudan a elevar el nivel de calidad en la formación. Pero también contamos con jóvenes nuestros que han estudiado después, han estudiado una carrera, y ahora ofrecen su formación mas la experiencia que han vivido ellos desde el otro lado.

Tienen la opción de salir, pero eligen quedarse en la asociación y aportar su valiosa experiencia. Ahora contamos con 58 educadores, pero no nos queremos extender más, aunque nos lo han ofrecido en alguna ocasión, queremos quedarnos en el barrio y consolidarlo».

Otra de las necesidades de las personas del barrio que cubre la asociación es el acceso a las Nuevas Tecnologías, su séptimo programa. Los jóvenes, las mujeres desempleadas, la tercera edad, los inmigrantes y las personas paradas durante mucho tiempo pueden hacer frente a la ‘brecha digital’ con el acceso a Internet.

Este proyecto promueve el software no propietario y de fuente abierta; el software libre, «ético y social, motor de una filosofía más justa, colaborativa a favor del progreso humano».

Y la guinda del pastel: las empresas propias de inserción. La asociación Semilla une así teoría y práctica. Forma y tiene un espacio dedicado a que los jóvenes realicen las prácticas necesarias para salir al mercado laboral. Incluso estas propias empresas pueden contratar a alguno de los jóvenes que forman si sus dificultades para abrirse paso en el mercado son importantes.

Los ejemplos: una tienda-taller para los jóvenes formados en materia de confección, proveedor de productos para tiendas como Adolfo Domínguez, Benetton o Sacy, una cafetería-restaurante, con productos de comercio justo, o la empresa de catering sostenible Madretierra, como complemento a la anterior. Este último proyecto ofrece servicios de cóctel, aperitivos, servicio de comida fría, de camareros, montaje y decoración de salas o servicios especiales.

Un cocina creativa e internacional elaborada a partir de productos ecológicos y de comercio justo, en la que trabajan y se forman profesionalmente jóvenes de la escuela de restauración de Semilla. Así, las empresas tienen una oportunidad más de encontrar soluciones creativas dentro de sus políticas de RSC a la hora de celebrar algún evento, jornada o congreso, fiestas y celebraciones, reuniones o incluso comidas informales.

HACIENDO BALANCE. La historia de la asociación se basa en el ensayo y error. Para su presidenta, el gran acierto es haber apostado fuerte por la persona y sus capacidades.

«Nos apasiona cada historia y creemos apasionadamente en este proyecto.

Todo esto me recuerda que hay que ser humilde, y así sigo aprendiendo cada día de nuestros jóvenes y mayores. Ser persona es una aventura muy apasionante. El buen ser y el buen hacer es la clave».

La financiación es la debilidad de la asociación. Algunas empresas también contribuyen a la financiación desde sus programas de responsabilidad social corporativa, como por ejemplo