LIBRO: Un mejor camino para África

CE1 octubre 2009
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Nos encontramos ante uno de los libros más polémicos pero más originales e incisivos de los últimos años. Dead Aid (Fin de la ayuda) es el punto de partida de una nueva propuesta para África. El subtítulo lo hace más explícito: Por qué la ayuda exterior no funciona y cómo hay un mejor camino para África. Su autora, Dambisa Moyo, nació en Lusaka, Zambia, es doctora en Economía, máster por la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard y ha trabajado en Goldman Sachs y en el Banco Mundial. Su dedicatoria a Peter Bauer (1915-2002) revela una herencia ilustre y una posición definida. Célebre por su defensa de la libre empresa como motor de desarrollo, Bauer fue uno de los primeros en denunciar el peligro de la ayuda exterior. En cierto modo su magisterio se prolonga en estas páginas.

El objeto de la crítica de Moyo son principalmente los préstamos y subsidios concedidos a los gobiernos africanos por los gobiernos de países desarrollados u organismos internacionales. Estos mecanismos han desincentivado a las poblaciones, generado dependencia y fomentado la corrupción y mal gobierno en los países receptores, provocando con ello más pobreza. Moyo llega a afirmar que la ayuda exterior ha dejado de ser parte dela solución para convertirse en «el problema» de África.

La corrupción pervierte los fundamentos de la sociedad, impide que la ayuda llegue a quien la necesita y disuade las inversiones. La corrupción como corolario es, según Moyo, argumento suficiente para terminar con la ayuda.

Pero hay otros. El ejemplo de las mosquiteras es gráfico. Un empresario africano produciendo mosquiteras da trabajo a quince empleados y por tanto sustento a quince familias. Su posición en la cadena de producción implica beneficios de otras pequeñas empresas. El negocio es sostenible y tiene el potencial para expandirse.

Pero la llegada masiva de mosquiteras bajo los auspicios de un cantante pop tiene como resultado el cierre de la empresa local y además, sin producción local, en pocos meses será necesario el envío desde fuera de más mosquiteras.

La evidencia empírica es aplastante: más de un billón de dólares destinados a África en concepto de ayuda durante los últimos cincuenta años no sólo no han conseguido la finalidad propuesta si no que, por el contrario, nos encontramos con un panorama desolador.

Cuando el PIB per cápita debería haber aumentado con los años, en la mayoría de los países africanos ha descendido, más aún en el momento álgido de la ayuda entre los años sesenta y ochenta.

La tesis, aparentemente radical, de terminar con la ayuda, se desenvuelve con una argumentación razonada que pone al descubierto el discurso a veces errático detrás de la ayuda y los intereses creados en torno a esta «industria». Su conclusión es que hay que empezar a trabajar con alternativas donde la ayuda no sea el factor predominante.

No se propugna la eliminación inmediata de la ayuda como algunos críticos quieren hacer ver, sino paulatina, con plazos, considerando cada caso concreto. Entre las varias medidas a poner en práctica destacan las de orden financiero, comercial y de integración económica, y la búsqueda de inversiones extranjeras.

Se pone de relieve que en África existen ahorros que hay que encauzar, junto con las remesas enviadas por sus emigrantes. Moyo concede gran importancia al acceso a los mercados de capitales, en especial a través de bonos del estado, y cita la experiencia positiva de Ghana, en cuya emisión la demanda superó con creces la oferta.

Y se subraya la idoneidad de las microfinanzas, como se viene demostrando en otras latitudes, pero que es todavía incipiente en África.

El estímulo del comercio interafricano debe ser objetivo prioritario. Pero la participación de África en el comercio internacional refleja una de las mayores falacias de nuestro tiempo. Aquí se une a la denuncia unánime del proteccionismo de los países occidentales que, por un lado, ofrecen o subastan ayuda y además piden apertura de mercados en nombre del libre comercio, mientras por otro cierran las puertas a los productos africanos a través de barreras administrativas.

Por último, los ejemplos de China y el sudeste asiático en la captación de inversiones directas se ofrecen como camino a seguir. Y se destaca la fórmula de inversión china en infraestructuras acambio de materias primas y suministro de energía.

Desde su publicación el libro ha encontrado amplio eco en los medios de comunicación de todo el mundo. En general la respuesta ha sido ecuánime, con la expectación que generan las grandes ideas de cambio. Muchos especialistas comparten los argumentos.

Pero para algunos falta una demostración científica de que haya una relación entre la ayuda exterior y el retraso en África. Otros aducen que el Plan Marshall en la Europa de posguerra fue determinante.

Dambisa Moyo sí reconoce su éxito pero también explica que el Plan Marshall tuvo un límite en el tiempo (cinco años), en el presupuesto y en los objetivos. Las críticas más duras han venido del campo de Jeffrey Sachs, autor de The End of Poverty, quien defiende que el problema de África es que la ayuda no es suficiente, y su terminación inmediata –lo que no dice Moyo– sería un desastre.

La autora es consciente de los muchos problemas que asolan África y de su complejidad histórica, geográfica, social, étnica o institucional, ninguno de las cuales explica por sí solo el atraso pero que exigen esfuerzos de diversa índole para su solución. En cualquier caso, en palabras de Kofi Annan elogiando el libro, las propuestas de Dambisa Moyo tienen la virtud de reconocer a los africanos como protagonistas de su propio destino.

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