“Queremos resolver los problemas con la comunidad, no por la comunidad”

CE14 diciembre 2010
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Margareth Flórez, directora ejecutiva de RedEAmérica

Con un enfoque muy marcado en la necesidad de capacitar a las comunidades para que avancen en su desarrollo, desde RedEAmérica, Margareth Flórez hace un análisis en profundidad del entorno fundacional en América Latina y expone la necesidad de romper con los esquemas asistenciales basados en la donación, más que en la ayuda colaborativa. Firmemente convencida de posicionar a los miembros de las comunidades como protagonistas de los cambios en las políticas públicas, pone el acento en la empresa privada como garante del cambio.

RedEAmérica, la Red Interamericana de Fundaciones y Acciones Empresariales para el Desarrollo de Base, es una red temática liderada por el sector empresarial con una estrategia global que busca hacer del desarrollo de base un elemento clave para la reducción de la pobreza y la marginación.

En su argumentario corporativo, el desarrollo de base tiene protagonismo propio, ¿qué supone exactamente y cómo articula el esquema de trabajo de RedEAmérica?

Somos una red de 67 fundaciones empresariales de América Latina que trabaja en 11 países diferentes haciendo inversión social privada con el fin de contribuir a la reducción de la pobreza.

Lo que los miembros buscan es efectuar inversión social privada, pero siempre con un enfoque muy centrado en el desarrollo de las capacidades colectivas de las comunidades, para que éstas puedan construir y trabajar sobre dichas aptitudes con el propósito de ser capaces de afrontar los problemas que afectan a su entorno cotidiano.

Desde RedEAmérica estamos convencidos de que para disminuir la pobreza y la desigualdad que tanto afecta a América Latina, es importante efectuar intervenciones que estén centradas en ese enfoque, porque es el que va a generar mayores retornos por la sociedad, al dejar vigente una capacidad instalada. La pobreza, desde nuestro punto de vista, no sólo es un problema de carencias de bienes o servicios, sino que también está íntimamente asociada a la falta de facilidades para acceder a las oportunidades y de vínculos para cooperar y buscar la solución a dichos problemas.

¿Cuándo nace RedEAmérica y cómo se financian?

Se constituye en 2002, impulsada por la Fundación Interamericana (IAF) de EE.UU., una entidad independiente del gobierno de los Estados Unidos, que otorga donaciones para programas de autoayuda innovadores, participativos y sostenibles, en América Latina y el Caribe. Todas las fundaciones son de origen empresarial, destinan recursos privados de manera voluntaria al desarrollo de las comunidades y, además, lo hacen desde una perspectiva basada en la creación de capital social. Los temas en los que trabajan oscilan desde la educación, la salud, la generación de ingresos o el desarrollo local. Sin embargo, el acento está en que las comunidades sean protagonistas plenas en el proceso de construcción y desarrollo de soluciones.

¿Cuál es el leit motiv de la red? ¿Hasta qué punto se limita a actuar de nexo de conexión entre las diferentes fundaciones o realmente estimula la puesta en marcha de iniciativas concretas?

Lo que hacemos es ayudar e incentivar a las fundaciones miembros a que desarrollen, con más garantías y efectividad, su propio trabajo. Para ello, desarrollamos metodologías y herramientas con el propósito de capacitar a sus equipos de trabajo, a través por ejemplo, de un diplomado virtual.

Dicho esto, sí me gustaría subrayar que, en la mayoría de los casos, son los miembros quienes asumen la ejecución de los programas. Nuestra acción como Red no busca reemplazar las iniciativas propias de las fundaciones, sino promover que trabajen en alianzas nacionales, por ejemplo, entre los miembros de Colombia, apoyando más de 70 proyectos de generación de ingresos. Lo mismo sucede en Brasil o Argentina, donde varias fundaciones trabajan de forma conjunta en el desarrollo de actividades de educación.

Recientemente, hemos empezado a promover alianzas supranacionales, basadas en el desarrollo de actividades de generación de ingresos de pequeñas comunidades, como pequeños productores agricultores, artesanos y comunidades urbanas que buscan mejorar sus ingresos y dotarse de capacidades para ir mejorando.

Entonces, ¿RedEAmérica articula las fundaciones sin restarles protagonismo?

Efectivamente, nuestro trabajo es más bien de promoción de alianzas conjuntas ya sea a escala nacional o supranacional.

Siguiendo con esa línea de actuación, entiendo que vuestro objetivo será ir ganando paulatinamente miembros/fundaciones y/o países del entorno… ¿Hacia dónde están dirigiendo su mirada?

Efectivamente. En la actualidad, contamos con 67 miembros, sin embargo, esperamos seguir creciendo porque queremos cada vez más involucrar al tejido fundacional de América Latina bajo este enfoque de trabajo. En definitiva, ampliar la escala de nuestra intervención significa ampliar el número de países.

En ese sentido, Bolivia y Paraguay son los únicos dos países de América del Sur en los que no estamos presentes, y en el caso de América Central, estamos trabajando para tener presencia propia en Nicaragua y Costa Rica, entre otros países.

¿Cómo estáis trabajando para lograrlo? ¿Hay algún tipo de acción proactiva puesta en marcha en ese sentido?

Estamos estableciendo sinergias con organizaciones locales para dar a conocer la red y nos apoyamos en el diplomado virtual mencionado, como una herramienta para involucrar a nuevas fundaciones y/o países y que, posteriormente, puedan interesarse en formar parte de la red como miembros. Asimismo, participamos en eventos regionales, que nos dan la posibilidad de dar a conocer el enfoque de desarrollo de base que caracteriza a RedEAmérica.

Ahondemos un poco más en el diplomado virtual. ¿Qué es y cómo estimula la captación y fidelización de miembros?

Se trata de un curso que ofrece elementos prácticos a los participantes para desarrollar estrategias de promoción y fomento del desarrollo de base, estructurar programas que incluyan cofinanciación a los proyectos de las organizaciones comunitarias y promover el desarrollo en áreas temáticas específicas como educación, generación de ingresos y desarrollo local. Surge en septiembre de 2009 por la necesidad de homologar un lenguaje y una compresión sobre nuestros retos, un marco conceptual y, al mismo tiempo, desarrollar herramientas que nos permitieran saber cómo evaluar el impacto y analizar el retorno de la inversión. El diplomado recoge ese conocimiento desarrollado durante años y lo convierte en un curso virtual de seis meses de duración.

En la actualidad, contamos con más de 250 estudiantes de ocho países y los tutores son miembros de las fundaciones que integran la RedEAmérica, con lo que conocen de primera mano la metodología de trabajo.

¿Los recursos que generan nutren, en parte, a RedEAmérica?

Actualmente, lo que hacen es financiar el propio diplomado virtual. En cuanto a la financiación de la red se cimenta fundamentalmente en la cuota anual de los 67 miembros, si bien para iniciativas concretas de inversión social se buscan recursos privados de los socios.

Construyendo lazos con la otra orilla del Atlántico, tan sólo Fundación Codespa forma parte de la red. ¿Por qué hay tan escasa representación española? ¿Se han planteado estrechar sinergias, en esa línea?

En realidad, la red está muy centrada en América Latina, sin embargo, sí contamos con fundaciones españolas con presencia allí que son miembros, tal es el caso de la Fundación Telefónica, que es miembro en Chile, y la Fundación Repsol en Ecuador. Progresivamente, esperamos que las fundaciones españolas con presencia en la región se sumen a la red.

En términos de cooperación, nuestros vínculos han sido especialmente con Fundación CODESPA, con quien tenemos un acuerdo marco de cooperación y ya se han activado iniciativas en Guatemala y Perú. Asimismo, trabajamos con la organización española Documenta, una entidad sin ánimo de lucro dedicada a la «investigación social aplicada», cuya misión es la implantación de modelos de desarrollo local sostenible en territorios inteligentes.

El foco de RedEAmérica es fundamentalmente la reducción de la pobreza. ¿Hasta qué punto gobierno, empresa privada y la sociedad en su conjunto están trabajando hacia el mismo destino?

La perspectiva actual arroja un saldo asolador, con muchos países, algunos de ellos en América Latina, con altos ratios de pobreza… Así es, y eso se ha debido a que en América Latina se experimentó, especialmente durante la última década, un crecimiento económico sostenido, que, si bien en algunos países se materializó en reducción de la pobreza, lo cierto es que aún sigue afectando a más de 187 millones de personas en América Latina, según datos de CEPAL (Comisión Económica para América Latina). Y hay algo más, el fenómeno de la desigualdad social sigue siendo una lacra, que desgraciadamente está muy extendido en el interior de América Latina. Y eso hay que romperlo.

Se trata de cifras que llaman la atención de los gobiernos de los países, pero también del sector privado, que debe comprometerse a responder de manera más efectiva y colaborativa. Desde RedEAmérica, consideramos que el sector privado tiene el compromiso de hacer disminuir las desigualdades, haciendo inversión social, contribuyendo a mejorar las condiciones de determinadas comunidades, encontrando fórmulas innovadoras para resolver los problemas y construyendo modelos susceptibles de ser replicados. El camino son las alianzas con el sector público, pero siempre desde la necesidad de una mayor intervención privada.

¿Ponéis entonces el acento en la responsabilidad de la empresa privada?

Efectivamente, aunque desde el marco de la corresponsabilidad con el sector público.

En cuanto a la nutrición, los datos de hambre en el mundo son aterradores. ¿Están los gobiernos activando realmente políticas para paliar esta lacra o actualmente tienen suficiente con intentar sobrellevar la crisis?

Lo cierto en que en los últimos años, en América Latina se ha registrado un crecimiento económico muy fuerte, pero que no ha sido redistribuido de forma eficiente. Las políticas de protección social, los subsidios a familias y otras acciones han logrado resolver un nivel de pobreza básico y probablemente han contribuido a que las próximas generaciones tengan unas mejores perspectivas de vida. Sin embargo, uno de los principales problemas en América Latina y por los que el porcentaje de pobreza es muy alta remite a otro factor. Me refiero a la generación de ingresos y de empleo. Y es que el porcentaje de desempleo en la región es muy alto y, por supuesto, cuando hay crisis los más afectados son los más pobres. Nuestros gobiernos tienen mucha dificultad para abordar el problema del desempleo, que además afecta mucho a los jóvenes y, por tanto, es difícil romper ese círculo de la pobreza.

¿Por qué parece tan difícil llegar a un acuerdo? ¿Las posibles consecuencias políticas en cada país están generando esta falta de unanimidad?

Esto es una llamada a la efectividad de las políticas públicas. Sin embargo, este no es el único problema, la realidad demuestra que en América Latina hay un problema real de corrupción política, que supone un serio obstáculo para superar esa situación de pobreza.

RedEAmérica cree que hay que ayudar a las comunidades a resolver los problemas, pero también ayudarles a que se reconozcan como ciudadanos de derecho, que puedan ser protagonistas de las soluciones y que también puedan tener voz en las políticas públicas para sentir que forman parte de la resolución de los problemas.

Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son impactantes: una de cada cuatro personas en el mundo (casi 1.400 millones) no tiene acceso al agua potable y una de cada tres (2.400 millones) no tiene acceso a saneamiento. ¿Cuál es la solución que se propone desde RedEAmérica? ¿Existen iniciativas en esta línea?

Como red no, pero los miembros sí tienen iniciativas de este cariz. En primer lugar, para apoyar a las comunidades a buscar soluciones para el agua, para construir soluciones de abastecimiento comunitarias y también para que los gobiernos favorezcan este tipo de iniciativas. La realidad es que hoy en América Latina no debería haber comunidades que carezcan de agua potable.

Para terminar, hagamos un análisis del movimiento fundacional en América Latina. ¿Cuáles son los principales rasgos diferenciadores del mismo?

Fundamentalmente, se caracterizan por estar centradas en temas básicos de desarrollo, como educación, salud y progreso local, si bien han ido avanzando paulatinamente hacia un enfoque más profesional, que garantice mayor impacto a mayor escala. En cualquier caso, estamos hablando de un movimiento relativamente joven, ya que la mayoría de las fundaciones tiene menos de 20 años y provienen de tradición familiar y algunas incluso menos de 10, siendo el caso de las fundaciones de RSC provenientes del entorno empresarial. En cuanto al rango de temas sobre los que trabajan, existe una clara preferencia en temas de educación y generación de ingresos y la mayoría trabajan en un área de referencia muy definida, siendo escasas las que operan a escala nacional.

Entiendo que por su análisis aún les queda camino por recorrer…

Lo cierto es que paulatinamente vamos creciendo en número de fundaciones y en nivel de profesionalización, porque la realidad lo exige y también porque la sociedad lo está empezando a demandar.

Sin embargo, ¿en qué medida se consiguen resultados a largo plazo, cuando en no pocas ocasiones asistimos a iniciativas coyunturales que vienen a resolver problemas del presente, sin dejar poso en el futuro?

Esta es nuestra motivación inicial. Me refiero a resolver los problemas con la comunidad, no por la comunidad. En ese sentido, queremos hacer un llamamiento para que se rompan los esquemas asistenciales a las comunidades, basados en dar, en lugar de ayudar. Resolver el problema a corto plazo no ayudar a construir soluciones duraderas.

En definitiva, si las empresas no quieren generar dependencia en las comunidades que actúan, si quieren ganar en legitimidad, en reputación y tener efectos sostenidos, tienen que hacer sus intervenciones pensando en generar capacidades duraderas en las comunidades, y no resolver soluciones coyunturales. Pese a todo, he de decir que, si bien aún persiste esta tendencia, poco a poco se va superando.

Por Marina Sanz

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