Kony 2012: luces y sombras del activismo online

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Con independencia de cuál sea nuestra valoración sobre el vídeo Kony 2012, producido por la organización (hasta hace tan sólo unas semanas desconocida para muchos de nosotros) Invisible Children, la película ya ha pasado a formar parte de la historia de las redes sociales y, muy posiblemente, de la historia de los documentos audiovisuales.

Los contadores de las redes sociales se dispararon la primera semana del mes de marzo y todavía no se ha detenido: 40, 50, 70, 90… millones de veces reproducido. Según Visible Measures, es la campaña de vídeo con el crecimiento más rápido de la historia. ¡A Susan Boyle, le llevo un día más llegar a los 70 millones de visualizaciones!

El vídeo de treinta minutos cuenta la historia de Joseph Kony, fundador de la Lord’s Resitance Army. Durante casi dos décadas, las milicias de Joseph Kony, la Lord’s Resistence Army (LRA), operaron en la región Acholi de Uganda, asesinando, incendiando aldeas y secuestrando miles de niños y niñas que integraban en su desquiciado ejército como soldados o como esclavas sexuales. En 2005, la Corte Penal Internacional abrió una causa contra Kony y varios de sus comandantes acusándoles de la comisión de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

La existencia de Kony hace unas semanas solo era conocida por los expertos en los países de África central y las agencias y organizaciones de ayuda humanitaria. Pero su nombre ya resulta familiar para millones de internautas desde que Jason Russel, activista y cofundador Invisible Children, decidió colgar el vídeo en YouTube y Vimeo captando la atención de 50 millones de usuarios la primera semana. El vídeo recaudó 5 millones de dólares las primeras 48 horas, según The Guardian, y arrasó en Twitter y Facebook como ningún otro lo había hecho hasta entonces, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un vídeo de 30 minutos sobre un grupo rebelde en África Central. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Hay varias razones. Es cierto que el vídeo dura 30 minutos, pero la historia engancha desde el primer segundo y contiene todos los ingredientes para captar la atención y mover el corazón de los espectadores: un villano de la peor calaña que pueda uno imaginarse (Kony); una causa atractiva: proteger a niños indefensos; una trama melodramática y sumamente efectista, que consigue involucrar en el mensaje a padres e hijos, al introducir en la trama a Gavin, el hijo de Jason Russel, y Jacob, una víctima de Kony, a través de cuyas miradas se nos narra la historia y se nos hace participes del problema (“Kony secuestra hijos como Gavin”). Por último, una llamada urgente a comprometerse personalmente (“We are going to stop them”) con un plazo concreto, la campaña expira el 12 del 2012.

Pero no todo han sido alabanzas. Algunos expertos en relaciones internacionales y ONG de ayuda humanitaria han criticado el mensaje simplificador y superficial del vídeo, acusando a la organización de practicar un activismo de salón (slacktivism) y de no ser muy transparentes en el manejo de sus cuentas. La revista The Foreign Policy escribió un duro artículo, firmado por Joshua Keating. Según Keating muchas de las afirmaciones que se hacen en el vídeo carecen de base o están débilmente fundamentadas.

Para comenzar, ni Kony ni el grupo LRA se encuentran en Uganda sino en el Congo; por otra parte, la situación y las necesidades actuales de los exniños del LRA son muy diferentes, y, por último, pese a solicitar fondos, la organización Invible Children no presenta ninguna propuesta clara de lo que va a hacer con el dinero recaudado. ¿Tiene sentido inflar el entusiasmo de decenas de miles de activistas y armarlos con cuatro datos?

Lo más curioso es que el artículo de Keating tuvo cerca de 200 post de respuesta de los lectores, la mayoría de ellos muy críticos con la visión del especialista. Los lectores acusaron a Mr Keating de no comprender la finalidad del vídeo, ¿cuántas películas simplifican en sus mensajes la realidad de los cosas? Pretender que un vídeo de 30 minutos dé explicaciones y detalles sobre la situación geopolítica de África Central es no entender la naturaleza del lenguaje audiovisual. El vídeo ha cumplido sobrádamente su objetivo: llamar la atención sobre uno de los mayores criminales vivos, que actualmente anda suelto.

Por si todos estos ingredientes no fuesen suficientes para elaborar una buena historia hace unos días Jason Russel fue detenido en San Diego por andar desnudo y comportarse de manera irracional en la vía pública, aparentemente bajo los efectos del alcohol o de algún estupefaciente. La organización se apresuró a excusar su actitud alegando que Russel había perdido momentáneamente el juicio debido a la presión a la que había estado sometido en las dos últimas semanas ante las críticas recibidas, encontrándose en estos momentos bajo tratamiento médico para recuperarse.

El caso Kony plantea nuevos e interesantes interrogantes para muchas organizaciones de ayuda humanitaria y activistas políticos. ¿Hasta qué punto es legítimo simplificar un mensaje para captar adeptos? ¿La notoriedad lo es todo? ¿Cuáles son los criterios para comunicar este tipo de asuntos? ¿Debe dejarse la capacidad de iniciativa y propuesta a los expertos y organismos especializados? Por otra parte, ¿son conscientes los organismos internacionales del poder de las redes sociales? ¿No ha mostrado Kony 2012 el interés de la población por involucrarse en cuestiones de política internacional aunque sean ajenas a los intereses de su país? ¿Cómo podría aprovecharse esta experiencia para avanzar en la defensa y protección de los derechos humanos? Invisible Children ha conseguido con su campaña plantear este tipo de cuestiones, y aunque sólo sea por eso la iniciativa merece celebrarse.

Por Javier Martín Cavanna

Algunos artículos de interés:
“Uganda: el genocidio secreto” por Olara Utunnu, antiguo subsecretario general de Naciones Unidas
“Child Soldiers”, Foreigh Policy, Scott Gates y Simon Reich

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