Día del Cooperante: 19 personas ponen rostro a la ayuda al desarrollo

Médicos, ingenieros, abogados… España está dando al mundo una envidiable lista de cooperantes que no cesan de trabajar para conseguir que las desigualdades de los países pobres sean menos. Para que nadie olvide su trabajo, el 8 de septiembre se celebra el Día del Cooperante, y este año con más difusión que nunca gracias a la celebración en 2015 del Año Europeo del Desarrollo.
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8 de septiembre, Día del Cooperante. Una figura admirada y, a la vez, obviada por la sociedad, que trabaja en un país pobre al servicio de una entidad promotora de la cooperación internacional.

Según la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), el cooperante no es ni un voluntario ni un becario, sino un trabajador con una relación de tipo laboral con la entidad promotora. Aunque lo cierto es que algunos reconocen haber invertido su propio capital para desarrollar su cooperación con el fin de que puedan destinarse más fondos a aquellas personas que más lo necesitan.

Para recordarle al mundo la labor que hacen, la UE designó 2015 como Año Europeo del Desarrollo. En España se ha personificado con los rostros de 19 cooperantes (17 por cada comunidad autónoma, más dos asociados a Ceuta y Melilla) gracias al proyecto 19 ciudadanos ponen cara a la ayuda al desarrollo, que acaba de ser presentado en Madrid y que se ha resumido en este vídeo.

Con perfiles de todo tipo (médicos, coordinadores de ONG, ingenieros, abogados, etc.) y una franja de edad que va desde los 23 a los 83 años, muchos de los protagonistas de la campaña acudieron a este acto de presentación para dar a conocer los proyectos a los que están vinculados, pero también para reclamar a políticos, instituciones, empresas y a la sociedad en general sus necesidades.

“Necesitamos a más gente que se involucre, que trabaje por los demás. Yo he estado en muchas guerras como médico a través de la Cruz Roja y cuando me paraba a pensar en mi día de trabajo allí, me daba cuenta de que sólo podía cubrir un grano de arena en un mar de necesidad”, relata Manuela Cabero, la representante de Castilla-La Mancha. Con 68 años, a lo largo de su vida como cooperante ha pasado por los conflictos de Bosnia, Irak y Kosovo; por el terremoto de El Salvador; y por la crisis del Ébola en Sierra Leona.

El también médico Fernando de la Torre, representante de Cantabria, lleva 20 años operando en campos de refugiados saharauis. “Allí hay unas 200.000 personas que viven en el desierto sin apoyo sanitario, y en ese sentido la UE nos está dando mucho apoyo”. Desde su punto de vista, hay que elaborar políticas no sólo para que la ciudadanía sea más solidaria y aporte fondos para desarrollar su trabajo, sino que empiece a llegar savia nueva que mantenga activo el papel del cooperante.

“Es muy importante darle difusión a todo lo que hacemos, mucha gente no sabe en qué estamos trabajando y estoy convencido de que si lo supiese de primera mano sería mucho más solidaria e, incluso, se subiría a nuestro carro”.

Luis Miguel Belvis, representante de La Rioja, es el presidente de Coopera, una ONG que trabaja en países como la República Democrática del Congo o Uruguay. “Hay que intentar que ser voluntario sea algo cotidiano en la vida del ciudadano”, apunta. En su opinión, Europa debería comportarse como un solo bloque de verdad, “que empiecen a destruirse las fronteras y se actúe de forma global ante los problemas que tienen los países en vías de desarrollo”.

Para Manuel Garrido, cirujano infantil afincado en Galicia, sería muy importante que Europa ampliase sus ayudas al desarrollo: “No sólo hay que llegar al 0,7% del PIB ansiado desde hace tantos años, sino superarlo, alcanzar el 1% como ya hacen algunos países. Y aplicar esas ayudas eficazmente, potenciando las industrias de los países necesitados, generando allí puestos de trabajo de calidad para que sus habitantes no se vean en la necesidad de emigrar. Porque son pocos los que dejan allí a sus familias y vienen a Europa por gusto”. Este cooperante lleva 27 años viajando a Bolivia para operar a niños sin recursos. Gracias a su apoyo, se ha podido ampliar el Hospital Primero de Mayo de Santa Cruz de la Sierra.

Una opinión parecida es la de Amalia Álvarez, la cooperante de Extremadura, que ha participado en varias campañas gracias al Programa de Voluntarios Expertos del Fondo Extremeño Local de Cooperación al Desarrollo (Felcode). “Hay que seguir apostando por políticas que ayuden a la cooperación y darle a las personas que lo necesitan las herramientas para que ellos puedan gestionar sus propios motores económico”.

La UE y la ayuda al desarrollo

La Unión Europea, junto con sus países miembros, es el mayor donante de ayudas del mundo. Según Aránzazu Beristain, directora en funciones de la Representación de la Comisión Europea en España, en 2013 la UE suministró más de la mitad de la ayuda pública para el desarrollo. En conjunto destinaron unos 56.500 millones de euros a ayudar a 150 países de todo el mundo en su lucha contra la pobreza. “Es una cifra nada desdeñable, aunque sólo supone el 0,4% del PIB, todavía estamos muy lejos del famoso 0,7%”, reflexiona Beristain.

“Es necesaria una coherencia de políticas para conseguir un impacto real. No se trata sólo de invertir el 0,7% del PIB en ayudas al desarrollo, sino de que no se use el 99,3% restante en aprobar medidas contradictorias”, sugiere Maite Serrano, directora de la Secretaría Técnica de la Coordinadora ONG para el Desarrollo España (CONGDE).

Como ejemplo, Serrano pone un proyecto para fomentar la pesca artesanal en Senegal. “No tiene sentido que lo llevemos a cabo si después se firman convenios con grandes multinacionales pesqueras que pueden faenar a gran escala en las costas de este país”.

Durante este año, la ayuda de la UE al desarrollo ha dado un giro y ha empezado a eliminar fondos destinados a países que han experimentado un fuerte crecimiento económico, como la India o Malasia, para dedicárselos a otros que lo necesitan más.

El fin es cumplir los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), ocho propósitos acordados en el año 2000 por los 189 países que conforman las Naciones Unidas, que van desde reducir a la mitad el número de personas que viven en situación de pobreza extrema hasta detener la propagación del sida y dar enseñanza primaria a todos los niños. Estos deben lograrse antes de que acabe 2015.

Los Objetivos del Milenio

“La mayoría de esos ODM se han cumplido, aunque no en todas partes del mundo. Por ejemplo, África subsahariana ha mejorado en pobreza extrema, pero no en seguridad alimentaria ni en mortalidad infantil y materna”, especifica Marta Pedrajas, asesora de la Secretaría General del Cooperación Internacional para el Desarrollo del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Ésta también asegura que la agenda marcada en el año 2000 ha logrado movilizar la cooperación internacional de todos los países que firmaron el acuerdo, y que su compromiso no se acaba con 2015.

Según la representante ministerial, en las próximas semanas se celebrará un nuevo encuentro en el que se sumarán nuevos ODM: puntos medioambientales y de producción sostenible, desigualdades de renta, falta de libertades…

En este sentido, el representante de la Comunidad de Madrid, Victorio Torres (un pediatra que lleva 15 años luchando contra el VIH en diferentes países de África), opina que la nueva agenda de ayudas que se trace debe contar con la colaboración no sólo de los países que donan sino de los que reciben, “que no sea una ayuda vertical que va de ricos a pobres, sino que los pobres puedan participar en ese diseño, en la puesta en marcha y en el seguimiento”, de manera que los programas sean mucho más eficaces y beneficiosos.

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