La crisis de los refugiados, responsabilidad de cada país europeo

La Comisión Europea lleva pidiendo desde mayo a todos los países europeos un mayor esfuerzo en la acogida de refugiados. Antes de que llegara el verano y antes de que se publicaran las dramáticas fotos de los fallecidos en las playas de Turquía que se grabaron en la mente de todos para siempre.
Lidia Soria23 septiembre 2015
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Bruselas. Ha pasado el verano y la vuelta al cole no ha traído consigo una respuesta unida de las naciones europeas como se esperaba. Los ministros de Interior europeos cerraron el martes un acuerdo, sí, pero con el voto en contra de cuatro países y la abstención de Finlandia. Gracias a la aprobación por mayoría cualificada, se podrá proceder a la reubicación de 120.000 refugiados en dos años, algo que ya Acnur considera insuficiente.

En una primera propuesta, Bruselas pidió a todos los Estados miembros que se implicaran en establecer un reparto justo y equilibrado de refugiados, para aliviar la presión que tienen países como Alemania o Suecia, donde llegan la mayoría o de los países de paso como Grecia, Italia o Hungría.

Estableció recolocar a 40.000 personas que ya se encontraban en Grecia e Italia, pero en julio los Estados sólo aceptaron reubicar a 32.000. Ha sido este mes de septiembre cuando se han puesto de acuerdo para alcanzar esa cifra propuesta por la Comisión, con tiempo hasta el próximo mes de diciembre.

Hasta septiembre tan sólo nueve Estados miembros se habían comprometido a asumir la cuota que Bruselas les asignó en mayo, mientras 18 países aún no habían expresado claramente su voluntad de acoger los porcentajes que se les habían pedido. Pero aún así, la Comisión siguió trabajando para incrementar esa cifra de reubicados ante la afluencia masiva de refugiados procedentes principalmente de Siria.

Sumó la cifra de 120.000 para reinstalar en toda Europa, lo que suponen 160.000 en total. Esta vez propuso no sólo acoger refugiados de Grecia e Italia, sino también de Hungría. Concretamente, se quería reubicar a 54.000 refugiados procedan de Hungría; 39.600 de Italia, frente a los 24.000 que pidió en mayo, y 66.400 de Grecia, frente a los 16.000 que calculó en una primera aproximación.

El número de refugiados que tienen que acoger los países europeos, para que se establezca de una forma más equilibrada se calcula ponderando cuatro factores. Con un peso del 40% analiza dos elementos, el PIB total del país y el número total de la población. Con un peso menor, un 10%, considera la tasa de desempleo y los esfuerzos en materia de asilo.

Hasta aquí queda claro que la patata caliente estaba en el tejado de los Gobiernos de cada país europeo. Aceptar o no las cuotas de reparto obligatorias que pide la Comisión Europea, para que los refugiados estén más repartidos por el conjunto de la Unión Europea y no concentrados en apenas tres o cuatro países. Pero en el primer momento que tuvieron la oportunidad de dar la cara, fracasaron.

Fue el pasado 14 de septiembre, en uno de los consejos más esperados, cuando no consiguieron ponerse de acuerdo por unanimidad por la presión de los países del Este. El bando liderado por Hungría bloqueó el acuerdo, a pesar de que la mayoría de los Estados estaban dispuestos a cerrarlo.

Para acordar la reubicación de los 120.000 se volvieron a programar dos citas. La primera, el pasado martes, donde los ministros de Interior europeos acordaron la reubicación de 120.000 refugiados, como pedía la Comisión, a pesar del voto en contra de Hungría, República Checa, Rumanía y Eslovaquia. No se habla de cuotas obligatorias, sino que será un reparto voluntario.

Todos los países estarán dentro del sistema de reparto, a pesar de las negativas continuas de ciertos países del Este. Este miércoles los jefes de Estado y de Gobierno ratifican la decisión de ministros y debaten al más alto nivel cómo gestionar una de las crisis más dramáticas.

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Control de fronteras

Algunos países europeos, entre ellos Alemania, anunciaron controles temporales en sus fronteras, una noticia con la que saltaban sus alarmas —a algunos se sonaba al fin de Schengen el año precisamente en el que este proyecto europeo cumplió la treintena—, pero se quedó en eso, una alarma. De hecho, no es la primera vez que se imponen controles fronterizos en el espacio Schengen.

El año pasado Bélgica tomaba esta misma medida en el mes de junio, con motivo de la celebración de una Cumbre G7 en el país. Lo mismo hizo Noruega en el mes de julio, por una amenaza terrorista, y Estonia, cuando recibió la visita oficial del presidente de Estados Unidos. Sin embargo, sí es la primera vez que se imponen controles en fronteras por una cuestión migratoria o de refugiados. Alemania concretamente los ha activado en siete ocasiones.

El territorio libre fronteras interiores lo forman 26 países (donde se incluyen a los países asociados de Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein) en los que residen más de 400 millones de ciudadanos. Basta coger un coche para pasar de un país a otro y ser testigos de que las fronteras no existen.

Ahora sin embargo, las estaciones de control que quedan en los pasos fronterizos volverán a pedir documentación para gestionar las entradas en Alemania, Austria, Eslovaquia y Holanda. Bélgica o Francia, por su parte, lo estudiarán «si la situación lo requiere». Los controles fronterizos se podrán establecer desde diez días hasta dos meses, según recogen las reglas de Schengen.

Acnur recuerda el derecho al asilo

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur), António Guterres, mostró su decepción porque los países no consiguieran llegar a un acuerdo el 14 de septiembre. No dudaba en exigir «un plan B» a los líderes para que todos aquellos que necesitan asilo lo puedan recibir de forma urgente.

En los primeros ocho meses del año han llegado más de 500.000 refugiados a las fronteras exteriores de la Unión Europea. Son los últimos datos publicados por Frontex (Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores). La reubicación, por lo tanto, de 120.000 se queda corta. Simplemente estimando la llegada de cerca de medio millón, el acuerdo no es suficiente.

En este sentido, desde Acnur se pide una repuesta común a la crisis. Una solución europea, sin individualismos. La actitud de Hungría preocupa principalmente a la agencia de la ONU. «Acnur reitera su llamamiento a las autoridades húngaras para que garanticen el acceso sin impedimentos de las personas en necesidad de protección, de acuerdo con sus obligaciones legales y morales. Los Estados deberían gestionar sus fronteras de conformidad con el derecho internacional y de la UE, lo que incluye garantizar el derecho a solicitar asilo», señalaba Guterres.

Los demandantes de asilo están respaldados por el derecho internacional y la legislación europea. Y la nueva legislación húngara incluye ciertas medidas, que para Acnur son contrarias completamente a los derechos de los refugiados. Según sus informes, tan sólo se ha permitido la entrada en Hungría a algunos solicitantes de asilo, mientras el trato al resto ha sido desolador. Recuerda la ONG el uso de gases lacrimógenos contra incluso familias con niños.

Acnur insiste en las obligaciones que tiene cada Estado, de conformidad con la Convención de Ginebra de 1951 de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados. En su artículo 31 dice que no se puede penalizar a los solicitantes de asilo o refugiados por su entrada o permanencia irregular en un país. «No es un delito cruzar una frontera para solicitar asilo», añadió Guterres. Acnur va ofreciendo su apoyo a los países donde llegan los demandantes de asilo, movilizando personal, equipamientos y artículos de primera necesidad.

En Bruselas propuso las siguientes medidas concretas:

– Reubicar de forma urgente a los refugiados que ya han aprobado los Estados.

– Crear instalaciones en Grecia para facilitar el registro e identificación de refugiados a su llegada.

– Ayuda para Serbia, para que pueda hacer frente a la gestión masiva de refugiados.

– Que los refugiados sirios en países vecinos puedan acceder a alguna vía de migración legal hacia Europa.

División de países

El bloque solidario: Son aquellos países que lideran una política solidaria para la acogida de refugiados y piden una Europa unida en uno de los desafíos más sensibles que en caso de una mala gestión podría hacer tambalear los valores europeos.

Alemania y Francia. Merkel liderará con Hollande una política de acogida de refugiados que permita un sistema justo de reparto y le permita reducir su carga. Berlín llegó a rechazar un texto de conclusiones en el Consejo Europeo porque era demasiado blando y aceptaba demasiadas sugerencias del bando más contestatario. El ministro de Interior francés, Bernard Cazeneuve, reconoció que los refugiados no pueden repartirse únicamente «en tres o cuatro países europeos».

España. El Gobierno ha decidido aceptar la cuota que se le asigne en Bruselas en una respuesta solidaria hacia los refugiados, aunque tras conocer la primera propuesta de la Comisión se mostró en desacuerdo con la ponderación de los criterios para decidir el reparto.

Portugal. El país está dispuesto a aumentar su cuota de refugiados debido a la gravedad de la situación.

Suecia. Está volcada en la acogida de refugiados y tacha de vergonzoso que haya países que rechacen las cuotas.

El bloque no partidario: Países que podrían sumarse al reparto de refugiados de forma voluntaria, aunque legalmente les exime una cláusula de excepción según los Tratados europeos.

Reino Unido. Finalmente no participará en el proyecto de reubicación que plantea la Comisión Europea, a pesar de que así se lo demanda la sociedad. Es posible que los acoja de forma directa, sin pasar por el «marco europeo».

Dinamarca. La actitud danesa va más allá. Busca directamente disuadir a los refugiados de llegar al país. No ha dudado en publicar mensajes en el idioma local para decir expresamente que los sirios no serán acogidos en Dinamarca.

El bloque contrario: Naciones que no respaldan un reparto de refugiados según un sistema de cuotas obligatorias y que no están dispuestos a aceptar la palabra imposición en un texto europeo.

Hungría. Es el país que lidera este bloque de rechazo a los refugiados. Sus políticas son seguidas por los países del Este, que no quieren verse inmersos en un proyecto común de acogida de asilados. Su primer ministro, Viktor Orban ha dejado claro que no quiere ni oír hablar de un sistema de reparto de cuotas.

Eslovaquia. Tampoco está convencida de la propuesta europea. Sigue insistiendo en que las cuotas no resuelven el problema.

República Checa. Se siente cómoda con la posición de Hungría y el rechazo de cuotas impuestas desde Bruselas.

Polonia. Es un seguidor fiel de Hungría en este tema. Quiere controlar el proceso y no quiere oír hablar de imposiciones, pero finalmente en la votación se desmarcó y dio el sí al reparto de refugiados.

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