“Las prácticas de buen gobierno generan confianza en el inversor”

CE30 agosto 2011
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Eleno Gonçalves, gerente institucional del Grupo Instituto, Fundaçòes e Empresas (GIFE)

Le preocupa la poca cultura brasileña sobre inversión social privada, la falta de transparencia y de rendición de cuentas, las escasas prácticas sobre buen gobierno y los casos de corrupción que contaminan la imagen del sector fundacional en general. Le motiva el ámbito de la educación, el medio ambiente, la inclusión social, la equidad de género, la sostenibilidad y el emprendimiento social. Así es Eleno Gonçalves, gerente institucional del Grupo Instituto, Fundaçòes e Empresas (GIFE) de Brasil, la principal asociación que agrupa a las organizaciones de origen privado que financian o ejecutan proyectos sociales, ambientales y culturales de interés público.

¿Cuál es la misión del Grupo Instituto, Fundaçòes e Empresas?

En Brasil el concepto de inversión social privada es muy reciente, todavía no está muy extendido ni asentado; la misión de GIFE es difundir este concepto y estimular que cada vez más personas realicen actividades de inversión social privada y que el Gobierno impulse su desarrollo. Para cumplir nuestra misión organizamos jornadas, encuentros, congresos, conferencias, editamos publicaciones y elaboramos una serie de informes sobre el sector.

En GIFE publican un informe sobre buen gobierno, ¿cuál es el objetivo?

Realizamos este informe porque es muy importante que las instituciones se comparen con su competencia, solo así se generan incentivos para mejorar. Comenzamos a prestar atención al tema de buen gobierno en conferencias, organizamos un curso de gobernanza y editamos una guía de buen gobierno; ahora vamos a crear un premio que reconozca los mejores informes y rendiciones de cuentas, así como las prácticas de evaluación de impacto más eficaces con el fin de estimular la mejora. Con estas acciones buscamos un objetivo muy claro: que en dos o tres años el 100% de nuestros asociados rindan cuentas de manera completa y correcta, que midan el impacto de sus actuaciones, que comuniquen tanto las acciones buenas (esas imágenes tan utilizadas de niños negritos felices que aparecen en sus informes) como las que no han tenido tanto éxito.

Queremos cambiar la comunicación para impulsar la transparencia y ganar más adeptos, porque, además, con el argumento de la transparencia se consigue llegar más lejos, se puede dialogar de tú a tú con el Gobierno y con la sociedad civil, que siempre nos critican con el argumento de que las organizaciones empresariales no rinden cuentas. Queremos acabar con ese alegato.

¿En qué consiste la Guía de las mejores prácticas de buen gobierno para fundaciones e institutos empresariales que menciona?

Es una guía de fácil lectura y comprensión, elaborada no solo para fundaciones empresariales sino para cualquier fundación interesada en impulsar el buen gobierno y que necesite unas pautas para conocer el funcionamiento de una organización sin ánimo de lucro, como, por ejemplo, cuáles son las mejores prácticas en cuanto al número de reuniones, la relación que debe existir entre el patronato y la dirección ejecutiva, cuál debe ser el papel del consejo fiscal, que en Brasil es como una comisión de auditoría que tiene el papel de comprobar si el patronato está cumpliendo con la misión, la estrategia, la legalidad, etc. En resumen, queremos mejorar las prácticas de buen gobierno porque contribuirán a generar un clima de confianza en el inversor; segundo, aseguran la sucesión tras la salida del director evitando liderazgos personalistas, y tercero, facilitan rendir cuentas a la sociedad.

¿Cree que es necesaria una mayor colaboración entre las fundaciones para aunar esfuerzos y no duplicar iniciativas?

Creo que parte del sector sin fines de lucro y de inversión social todavía tiene que madurar mucho, hay mucho que aprender y solo se aprende errando y compartiendo conocimientos. A veces parece que hay una duplicidad de actuaciones, pero hay que dar tiempo a las organizaciones para que tengan su propia experiencia y descubran su foco y el nicho en el que quieren trabajar. Creo que en diez años el sector madurará.

¿Qué puede hacer el Gobierno para fomentar la inversión social privada?

Lo primero: no ser un obstáculo. Muchas organizaciones que realizan inversión social privada defienden que el Gobierno debe estimular el sector con grandes incentivos, pero yo no considero que ese sea el camino. En mi opinión, falta una cultura de donación porque, entre otras cosas, no hay proyectos sociales atractivos.

Por tanto, el primer papel del Gobierno tiene que ser facilitar la creación de organizaciones, que puedan rendir cuentas y que dispongan de espacios de actuación libres y, en un segundo momento, crear estímulos fiscales y monetarios para que las empresas e individuos puedan realizar donaciones.

¿Cuál sería la fórmula para incentivar la creación de organizaciones sin ánimo de lucro?

En Brasil hay un marco regulatorio muy complicado. Por ejemplo, el Gobierno ha creado una serie de beneficios fiscales para las pymes, las empresas grandes pagan muchos más impuestos. Con el sector no lucrativo no sucede lo mismo. Las obligaciones fiscales de una organización grande dotada de un patrimonio fuerte son las mismas que las de una organización de barrio. El Gobierno debería modificar esa legislación y crear formas jurídicas y legislativas que incentiven y que traten de forma diferente a las organizaciones con menos recursos. En Brasil no hay fundaciones pequeñas, existe una hipertrofia del sector fundacional empresarial y tenemos muy pocas fundaciones comunitarias, individuales e independientes, por culpa de este marco legal, que no favorece ni estimula su desarrollo.

Luego habría que crear incentivos fiscales para que las empresas y los individuos puedan donar a estas fundaciones pequeñas, porque en Brasil solo se puede deducir el impuesto si se tiene mucho dinero o si se es una gran compañía: las pequeñas empresas no tienen incentivos para donar.

¿Existe cultura de donación en Brasil?

Hay una cultura de filantropía por parte de las grandes fortunas que crean sus propias fundaciones, pero la clase media, la gran mayoría de la población, no tiene costumbre de donar en beneficio de causas sociales.

¿Cuál es el camino para estimular esa cultura de filantropía? ¿Qué herramientas son las más idóneas?

Un buen camino para empezar sería lanzar una campaña de comunicación que demostrara que la inversión social es beneficiosa para la sociedad. Para ello es esencial la medición del impacto con el fin de desterrar la idea de que el sector filantrópico es una inversión que no produce ningún cambio en la vida de las personas. Si hay buenos proyectos con resultados medibles y palpables podemos incentivar y estimular la donación y la inversión social. Por eso a nuestros asociados les insistimos tanto en que midan el impacto y lo comuniquen, porque nos ayuda en buena medida a aumentar la cultura de filantropía.

Parece desprenderse de sus palabras que, en ocasiones, las organizaciones informan de sus actividades con el único objetivo de mejorar su imagen, utilizando la fundación como una herramienta más del departamento de marketing…

Este es un grave problema. Solo un 30% de nuestros asociados, de un total de 134, rinde cuentas y, entre los que lo hacen, apenas diez asociados rinde cuentas como entendemos que debe hacerse. Hay mucha presión por parte de las empresas para que la rendición de cuentas sea un instrumento de marketing y existe una fuerte dependencia de la fundación empresarial con su matriz.

El mejor modelo surge cuando una empresa dota a la fundación de un fondo patrimonial propio, porque así el director ejecutivo tiene mayor independencia para diseñar su estrategia de comunicación, una comunicación dirigida al interés general y que muestre el impacto de sus acciones. Las empresas suelen usar la fundación como parte de su estrategia de marketing y las fundaciones no deben utilizarse como una simple herramienta para mejorar la imagen, y menos a corto plazo, que es cómo funciona el marketing de las empresas.

El departamento de comunicación de la empresa no debería influir en la estrategia de comunicación de la fundación porque se trata de entidades y ámbitos completamente diferentes.

En Brasil muchos accionistas no tienen una compresión clara de la inversión social privada a largo plazo. Muchos la perciben como una fuente de ingresos a corto. Algunas empresas cuando acuden a GIFE lo hacen preguntando: «¿Cuánto gano al asociarme?». En vez de pensar en invertir a largo plazo buscan recibir beneficios a corto; es parte de la cultura capitalista brasileña, donde las personas quieren obtener una ventaja inmediata.

Desde GIFE trabajamos por aumentar la inversión social, pero cuando hay una manzana podrida contamina a las demás. Hacemos un trabajo duro por aportar transparencia a nuestros asociados, les explicamos que nosotros no estamos para dar palmaditas en la espalda y decir lo bien que lo están haciendo sino para detectar problemas e intentar resolverlos.

¿Podría contarnos algún ejemplo de fundaciones creadas como herramienta de marketing exclusivamente?

En Brasil hay un gran banco que ha creado un instituto (en Brasil los institutos son figuras jurídicas muy similares a las asociaciones españolas) cuya inversión social solo es el 10% del presupuesto de marketing. La organización está presente en todas las televisiones en horario de prime time, sus anuncios se encuentran en todos los aeropuertos…, el gasto en publicidad es diez veces superior a la inversión en acción social. Se trata de un caso aislado, pero que contamina la imagen del sector.

Eso sí, han sido transparentes porque publicaron los datos de la inversión en marketing y en acción social.

Se dio otro caso en el que se creó una fundación con el fin de dotar un premio de educación y se formó un comité de expertos, multicultural, multidisciplinar, etc., con el fin de elegir la institución galardonada. Finalmente la presidenta de la empresa fue la que tomó la decisión seleccionando a dedo la organización de una amiga suya.

Con frecuencia se olvida que la fundación es una institución con fines públicos y no privados; para perseguir fines exclusivamente privados están las empresas. Este uso de recursos públicos con fines privados es utilizado por gobiernos y fundaciones. En Brasil, las fundaciones se ven implicadas en muchos escándalos, por ejemplo: el Gobierno otorgando dinero a ONG sin la necesaria transparencia y competencia o una ONG contratando servicios de empresas que a su vez son propiedad de políticos o gobernantes.

¿Por qué existe tanta diferencia a la hora de rendir cuentas entre las empresas y las fundaciones?

La empresa si quiere captar recursos del público tiene que rendir cuentas, porque de otra manera no podría participar en el mercado. Cuando hablamos de fundaciones, hablamos de otro tipo de mercado, pero que otorga la misma importancia al hecho de rendir cuentas, porque las personas no están depositando dinero pero sí la confianza en la organización y quieren obtener resultados, impacto.

Confiamos en que igual que en el mercado las empresas hacen lo que su competencia hace, suceda igual en las fundaciones: cuando la mayoría rinda cuentas y solo exista un 20% que no lo haga terminarán contagiándose. Ahora no están preocupadas porque es muy pequeño el porcentaje que rinde cuentas, pero se trata de una tendencia que claramente va en aumento.

¿Cuáles son las herramientas para evaluar el impacto?

Nosotros animamos a nuestros socios a medir el impacto de sus acciones, pero no lo hacemos directamente, tenemos una red de consultores expertos en el área de la evaluación de impacto. También les advertimos que no siempre es posible evaluar todos los proyectos; primero, porque es muy caro y, segundo, porque así como en el mercado financiero se puede hacer una inversión de riesgo pequeño y el resultado es más seguro, también se puede optar por invertir en activos de alto riesgo y, en este caso, la rentabilidad puede ser muy alta o, simplemente, inexistente.

En la inversión social privada también ocurre lo mismo. No es posible medir impacto de todo, y para que el sector se desarrolle es importante invertir también en sectores donde es más difícil evaluar el impacto. Por ejemplo la madre de Back Obama, presidente de EEUU, participa desde hace cuarenta años en un programa social estadounidense para inmigrantes, ¡imagina qué retorno ha obtenido! Si la inversión hubiera estado condicionada al retorno inmediato no lo habría hecho jamás, porque era impensable tener un presidente de EEUU negro. La evaluación de impacto es importante pero la inversión social no debe estar sujeta al impacto inmediato. Si estuviera condicionada limitaríamos la inversión a áreas muy sencillas y dejaríamos de lado aspectos muy necesarios para el sector social. Hay que asumir riesgos, para alcanzar grandes retornos.

Por Esther Barrio

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