“El programa electoral debe incluir unos principios de conducta y medidas anticorrupción"

Eduardo Serra, presidente de la Fundación Transforma España, analiza en Compromiso Empresarial su iniciativa: ‘Coherencia económica de los programas electorales’.
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Eduardo Serra, presidente de la Fundación Transforma España.

La situación política española pasa por su momento más crítico desde el inicio de la era democrática. Según los resultados publicados del último Barómetro del CIS, correspondiente al mes de marzo de 2017, el 36% de los encuestados consideran la situación política general de España como “muy mala”, seguido del 34% que la considera también “mala”.

Sin embargo, el dato más preocupante, o al menos el que más debería preocupar a los representantes políticos es que el 54% cree que la situación política no ha cambiado en el último año, y que el 47% cree que seguirá siendo “igual” dentro de un año, seguido por el 23% que considera que será “peor” que la situación actual.

Por otra parte, entre las principales preocupaciones de la sociedad española están el fraude y la corrupción, y los políticos, partidos y la política en general, señalados como el segundo y cuarto problema respectivamente, compartiendo protagonismo con el paro (la primera preocupación) y los problemas de índole económica de los españoles (la tercera).

La corrupción ha mermado la confianza en los políticos españoles y recuperarla se presenta como una empresa complicada y larga. Sobre este aspecto, cabe señalar los esfuerzos de la mayoría de partidos políticos para prevenir la corrupción dentro de sus formaciones y adoptar medidas que les hagan más transparentes al escrutinio público.

Sin embargo, todavía tienen algunas acciones pendientes como reveló el último informe de Transparencia, el mejor eslogan, publicado en junio de 2016. En este estudio se exigió por primera vez a los partidos políticos españoles, que acompañaran sus programas electorales de un informe que cuantificara económicamente la viabilidad de sus propuestas y de una agenda sobre las reformas legales de las mismas. El resultado del análisis fue bastante negativo en ambos indicadores puesto que “ningún partido” con representación en el Congreso de los diputados cumplía con alguno de ellos.

La idea de esta nueva exigencia para medir la transparencia de los partidos políticos surgió de la iniciativa Decálogo de un programa electoral, desarrollado por la Fundación Transforma España, por el cual se establecen unos principios de recomendación sobre el contenido de los programas electorales con el fin de “incrementar la credibilidad, solvencia y calidad de los mismos”.

En este sentido, Fundación Transforma da un paso más y lanza una nueva iniciativa sobre la Coherencia económica de los programas electorales, en la cual invita a las principales fuerzas políticas españolas a establecer un sistema de auditoría que “avale y garantice la viabilidad presupuestaria y fiscal de los programas electorales”. Para conocer todos los detalles de este nuevo proyecto y la respuesta de los partidos políticos ante el nuevo desafío, Compromiso Empresarial habla con Eduardo Serra, presidente de la Fundación Transforma España.

¿Por qué nace esta iniciativa?

Esta iniciativa es la continuidad que da la Fundación Transforma España al Decálogo de un programa electoral y a la encuesta de Sigma Dos, realizadas el pasado año, donde se puso de manifiesto que el 80% de los ciudadanos apostaba por la auditoría de los programas electorales como instrumento de transparencia y garantía de viabilidad de los proyectos de gobierno. Y por ello estamos aquí hoy, apostando por una iniciativa que pretende garantizar la viabilidad normativa, competencial, fiscal y presupuestaria de las promesas electorales.

La sociedad no ha dejado de creer en la utilidad de los programas pero sí en su contenido, en las promesas imposibles. Y tenemos la oportunidad de devolver a los programas electorales el lugar que merecen.

El 80% de los ciudadanos apostaba por la auditoría de los programas electorales como instrumento de transparencia y garantía de viabilidad de los proyectos de gobierno.

¿En qué se basan las propuestas económicas de los programas políticos actuales? ¿En teorías de expertos?

El principal problema es que los programas electorales presentan actualmente una gran cantidad de contenido retórico y un grado de concreción escaso (solo el 5% son medidas concretas). Incluso se aprecia un contenido sesgado hacia propuestas fiscales con mayor visibilidad para el votante, como son los aumentos de gasto o las bajadas de impuestos, sin explicitar qué impuestos subirán o qué gastos se reducirán como contrapartida.

Eso nos coloca en una situación en la que los programas electorales contienen ofertas que siendo atractivas y con capacidad para encandilar a un público poco informado, son de imposible o difícil realización. Y debemos recordar que el programa electoral debe ser un ejercicio de honestidad y transparencia ante los electores, especialmente para las propuestas económicas en un momento en el que el control del déficit y los objetivos de estabilidad presupuestaria se colocan como la primera prioridad política y gestora.

¿Por qué ninguno de los partidos políticos respalda sus propuestas económicas electorales con un examen o auditoría del tipo que propone la Fundación Transforma?

En este caso, diría que se debe a la falta de compromiso de los partidos políticos. Ello, sumado a la desconexión de la sociedad con los representantes políticos, ha debilitado la figura del programa electoral, devaluado a mero instrumento de propaganda.

Es necesario un mayor interés de las fuerzas políticas en poner en valor y dotar de credibilidad sus propuestas económicas. Sin duda, todos los partidos políticos deberían incluir una memoria económica transparente y coherente para que los ciudadanos sean capaces de analizar objetivamente si las propuestas son realistas y realizables.

¿Qué debe caracterizar a un “buen programa electoral”?

Un programa, además de explicar la ideología y las prioridades de los partidos, debe ser una guía realista orientada a una futura acción de gobierno, con un cuadro de financiación que explique los costes económicos y garantice su ejecución. Necesita a su vez de una política clara de rendición de cuentas ante la sociedad, de “agendas legislativas” que incluyan las principales reformas constitucionales y legales.

Se deberían evitar discursos y argumentos demagógicos y transmitir un verdadero compromiso a través de principios de conducta y medidas de lucha contra la corrupción detallados. Y sobre todo debería estar abierto a la participación de la sociedad, garantizando una escucha activa.

Un buen programa debe ser una guía realista orientada a una futura acción de gobierno, con un cuadro de financiación que explique los costes económicos y garantice su ejecución.

¿Los programas electorales de los partidos políticos españoles se asemejan o cumplen con algunos requisitos de un “buen programa”?

Explicar la ideología es uno de los puntos que comentaba como parte de un buen programa electoral y es un punto que los partidos políticos han venido cumpliendo en los últimos tiempos. Existen muchos trabajos que han analizado el contenido de los programas electorales en una variedad de países y que han demostrado que tienen a grandes rasgos una gran coherencia ideológica a lo largo del tiempo.

No obstante, hay un amplio margen de mejora en todo lo demás: concreción, transparencia, accesibilidad, participación ciudadana, memorias económicas y agendas legislativas, etc.

¿Considera que los debates políticos se enriquecerían gracias a la evaluación de las propuestas económicas de los programas?

Por supuesto. La evaluación permite disciplinar a los partidos a la hora de incluir propuestas poco viables o con poco grado de concreción, y, a su vez, puede servir como garantía de que la información transmitida por el partido es fiable.

Y algo que realmente beneficiaría a este país es la utilidad que puede traer la evaluación económica de los programas electorales para favorecer el consenso. La auditoría puede generar acuerdo entre las diversas fuerzas políticas sobre los efectos de determinadas medidas, ya que dicha evaluación procede de profesionales independientes.

¿La desafección política puede ser una consecuencia de la falta de compromiso de los partidos políticos con las propuestas de los programas electorales?

Sin duda. Actualmente, esta desconexión se refleja en que prácticamente nadie (solo el 0,2% de los españoles) cree en el cumplimiento de las propuestas realizadas durante la campaña electoral. Y esta desafección política de los ciudadanos exige un cambio urgente de actitud entre nuestros líderes. El compromiso, la lealtad y la responsabilidad con sus votantes deben ser prioritarios. Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que la retórica utilizada en el proceso electoral se aleja posteriormente de la realidad de gobierno.

¿Cree que los partidos políticos, o alguno de ellos, les harán caso y para las próximas elecciones los programas españoles se someterán a este tipo de exámenes?

Ese es nuestro objetivo y estamos trabajando en ello, empeñados en construir conjuntamente una cultura de evaluación. Hemos tenido buena acogida por parte de los principales partidos políticos de nuestro país. Esto es solo el principio y aún nos queda mucho por hacer, aunque, innegablemente, es necesario el apoyo y el interés de todas las fuerzas políticas.

¿Le gustaría destacar algún otro aspecto sobre este tema a los lectores de CE?

Debemos ser conscientes de que estamos legando a las generaciones venideras una enorme deuda pública y tenemos que actuar para parar este círculo vicioso injusto y poco solidario generacionalmente; comenzando por evaluar lo que se propone para todo un país. En ese sentido, construir programas electorales útiles, veraces y cercanos al ciudadano es una medida de rescate de unos valores democráticos que parecen olvidados.

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