Siete recomendaciones de rendición de cuentas a las universidades españolas

El informe 'Examen de transparencia 2016' muestra un importante progreso de las universidades públicas y, en menor medida, de las universidades privadas. Para ambas recoge siete recomendaciones.
CE23 noviembre 2017
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Como se explica en Las universidades públicas, ejemplo de transparencia para las privadas, el progreso de las universidades públicas en la rendición de cuentas en la web ha sido tan notable que este año se cierra un ciclo y se abre uno nuevo. Un total de 26 universidades públicas, de las 49 que conforman la muestra del informe Examen de transparencia 2016, han obtenido este año la calificación de Transparentes y 40 universidades cumplen 20 o más indicadores de los 27 totales, o, dicho de otro modo, el 80% de las universidades públicas (40 centros) cumplen el 75% del total de los indicadores analizados.

Como se puede ver a lo largo de todo el informe, las universidades privadas avanzan de manera mucho más pausada que las públicas, registrando niveles de opacidad importantes aún. Si bien es cierto que han progresado desde el primer informe, hace cinco años, -explica el documento- “no se puede hablar aún de un sector transparente ni tan siquiera translúcido, pues más de la mitad de las universidades analizadas se encuentran en la categoría de Opacas (61%)”.

En cualquier caso, la transparencia siempre cuenta con posibilidades de mejora, por eso el informe de la Fundación Compromiso y Transparencia realiza siete recomendaciones a ambos grupos:

  1. Sin mecanismos internos de control e impulso no se genera un compromiso real. La transparencia, al igual que las prácticas de buen gobierno, siempre admiten progreso. Para impulsar una mejora continua es importante que los responsables de la gestión en los centros universitarios se planteen objetivos anuales y den cuenta de su grado de cumplimiento. Solo introduciendo procesos internos que impulsen el avance se conseguirá desarrollar paulatinamente una cultura de transparencia en toda la organización que, al mismo tiempo, impulse la innovación en este campo.
  2. No hay se trata de desarrollar la web de la universidad sino la universidad en la web. Las universidades tienen que ir paulatinamente dando el paso desde una fase en la que el objetivo se centra en desarrollar la web de la universidad a otro en el que el objetivo debe focalizarse en desarrollar la universidad en la web. En el primer caso, la finalidad es subir contenidos informativos a la web, el segundo implica desarrollar un sistema de gestión interna a partir de las bases de datos existentes. Se trata de conseguir que todos los procesos de trabajo internos de la universidad puedan transformarse en información relevante sobre su actividad y resultados.
  3. Si la información relevante no es actual deja de ser relevante. Sería aconsejable que las universidades fijasen unos plazos internos para poder disponer y publicar en la web los datos relativos a las matriculaciones, oferta y demanda académica, alumnos fuera de la comunidad del año académico en curso, así como los indicadores de resultados de investigación académicos y de satisfacción del año anterior al informe.
  4. La transparencia no consiste en difundir información sino en facilitar su búsqueda. En el afán por proporcionar a los diferentes grupos de interés una información cada vez más útil y comprensible las universidades deben seguir avanzando por mejorar la claridad y accesibilidad de su información. Las memorias académicas que publican las universidades, generalmente en extensos documentos PDF, no facilitan la visibilidad de la información.
  5. La transparencia está en los detalles. Las universidades deben mejorar la pertinencia, exactitud y relevancia de algunos indicadores. En concreto, los indicadores relativos a las matriculaciones, la evolución de la oferta y la demanda y los resultados académicos y de satisfacción de los alumnos deben ofrecerse en relación con las diferentes titulaciones de grados y no de manera agregada por ramas de conocimiento, ciclos o centros.
  6. El retraso en la fiscalización externa de la información económica cuestiona a los órganos de gobierno. Pese al importante avance que las universidades públicas han tenido en la publicación de la información económica, algunos centros públicos siguen presentando los informes de fiscalización económica de sus cuentas generales con un año o más de retraso. En estos casos sería conveniente que estas universidades refuercen con una auditoría externa del último ejercicio económico cerrado. No puede considerarse una buena práctica que en algunas universidades públicas el último informe de fiscalización de sus cuentas corresponda al ejercicio económico 2014 o al 2013.
  7. Ser privada no significa privar de información. Las universidades privadas tienen que hacer un mayor esfuerzo por rendir cuentas a sus grupos de interés, al igual que lo hacen los centros públicos. El hecho de que no estén financiadas con dinero del Estado no significa que no deban dar información relevante a sus stakeholders, entre los que se encuentran los alumnos, los padres, los profesores, los donantes, la sociedad científica, etc.
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