La rendición de cuentas y el patronato

Según el politólogo Francis Fukuyama, los sistemas políticos funcionan gracias, fundamentalmente, a tres instituciones: un órgano que detenta la legitimidad del poder ('estate'), unas reglas de juego a las que se someten todos por igual ('rule of law') y un mecanismo de rendición de cuentas ('accountability').
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Las fundaciones no son muy diferentes de los sistemas políticos y, para que funcionen adecuadamente, requieren, igualmente, de un órgano de gobierno que ostente el poder legítimo (patronato), una normativa a la que se sujete (estatutos y códigos de buen gobierno) y un mecanismo de rendición de cuentas. De las tres instituciones mencionadas, la rendición de cuentas sigue siendo, sin duda, la más desconocida en el sector fundacional.

Si bien, en estos últimos años, ha aumentado el número de fundaciones que ha aprobado un código de buen gobierno, que regula el funcionamiento y principales responsabilidades de su patronato, contar con reglas de buen gobierno (rule of law) no es suficiente si esta medida no se acompaña de un procedimiento para verificar su cumplimiento. Como nos recuerda el dicho, “el papel lo aguanta todo”, y por esa razón no basta con aprobar un código de buen gobierno para impulsar buenas prácticas de gobierno.

Como se deduce del análisis del nuevo informe Construir confianza 2017, que publica la Fundación Compromiso y Transparencia que dirijo, sobre transparencia y buen gobierno de las fundaciones españolas, la mayoría de las fundaciones que han aprobado un código de buen gobierno no han contemplado la evaluación del desempeño entre los contenidos del mismo. Este dato, por sí solo, demuestra que todavía sigue existiendo muy poca claridad sobre la naturaleza y contenidos del código de buen gobierno.

En cualquier caso, lo que resulta crítico no es aprobar políticas sino cumplirlas de manera efectiva. Esta es la principal razón por la que hemos tomado la decisión de incorporar un nuevo indicador que permita comprobar e impulsar el desempeño efectivo del patronato.

La petición al patronato de publicar un Informe Anual de Gobierno Corporativo, al igual que vienen haciéndolo las compañías cotizadas, ayudará a que estos vayan tomando conciencia de su obligación de rendir cuentas a la sociedad sobre el cumplimiento de sus responsabilidades fiduciarias. En una primera fase, el informe se limitará a solicitar información sobre cuestiones muy básicas (número de reuniones, fecha de las mismas, evaluación y temas tratados) para, posteriormente, ir incorporando otras exigencias de mayor calado.

Otra importante novedad de este año es que el informe incluye, por vez primera, el análisis de la transparencia y buen gobierno de un número significativo de fundaciones constituidas por personas famosas o célebres (fundaciones de celebridades).

El comienzo de año ha vuelto a situar en el foco de atención de la opinión pública algunos casos de corrupción en el mundo fundacional que, no por el hecho de ser aislados, dejan por eso de tener un gran impacto en la sociedad.

Dado el auge que este tipo de fundaciones está cobrando, nos ha parecido oportuno incluir estas fundaciones con el objetivo de incentivarlas para que vayan incorporando las mismas prácticas de transparencia y buen gobierno que las fundaciones empresariales y familiares.

Ninguna de estas novedades responde a un capricho sin fundamento. Lamentablemente, el comienzo de año ha vuelto a situar en el foco de atención de la opinión pública algunos casos de corrupción en el mundo fundacional que, no por el hecho de ser aislados, dejan por eso de tener un gran impacto en la sociedad. Nos referimos al caso de la Fundació Palau, que la reciente sentencia de la Audiencia ha vuelto a actualizar, y al de la Fundación Leo Messi, que está siendo investigada por Hacienda para comprobar si fue utilizada para hacer pagos encubiertos al futbolista argentino, según la información publicada por el diario Der Spiegel.

Estos sucesos, como es natural, generan cierta alarma en la sociedad, que considera a las fundaciones como instituciones ausentes de todo tipo de control interno y externo. Hay un cierto fundamento en esta opinión que no se puede ignorar. Los patronatos de las fundaciones siguen siendo, salvo casos aislados, órganos ornamentales poco acostumbrados a rendir cuentas de su actividad y resultados. Igualmente, la mayoría de las fundaciones carecen de mecanismos y políticas para fortalecer la profesionalización y eficacia de sus órganos de gobierno.

Estas carencias internas no han sido abordadas, con el rigor que merecen, ni por los organismos de supervisión (protectorado) ni por las principales asociaciones nacionales y autonómicas del sector fundacional.

Ante esta perspectiva, no es de extrañar que cada vez más fundaciones soliciten voluntariamente ser incluidas en el informe Construir Confianza. Los motivos que aducen para ello es que el examen anual del informe les ayudará a mejorar en las áreas de transparencia y buen gobierno. Este hecho prueba que los responsables de las fundaciones, en términos generales, tienen un interés sincero por mejorar, lo cual nos permite vaticinar un futuro prometedor para la transparencia y el buen gobierno del sector fundacional.

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