Lo que el ‘compliance’ podría haber evitado a Oxfam Intermón

El pasado 9 de febrero, una amiga me reenvió un email que había recibido de Oxfam Intermón (OI), firmado por Chema (José María Vera), el director general de OI. En el correo electrónico me comentaba que alguien de la organización se había puesto en contacto telefónico con ella, ofreciéndose a facilitar cuanta información precisara en caso de que tuviera alguna duda.
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Se sintió muy bien atendida tras la comunicación de OI, a pesar de que la donación de los últimos meses apenas alcanzaba cincuenta euros. Esto constata que OI está trabajando por sus donantes, incluso por los más pequeños (que posiblemente serán la mayoría). Pilar Orenes, directora adjunta de Oxfam Intermón, ha publicado un vídeo dando explicaciones: en la web de OI han detallado y tratado de dar respuesta a las inquietudes de los lectores, y se han puesto a disposición para resolver otras dudas.

Dicho correo electrónico dice lo siguiente:

Queremos transmitirte nuestro profundo malestar por el comportamiento inaceptable de algunos miembros de Oxfam en 2011 durante la emergencia de Haití. Quizás hayas visto en los medios de comunicación alguna noticia relacionada con el tema.

Estos hechos sucedieron en 2011 y fueron investigados y solucionados en su día. Todas las personas que se demostró que estaban implicadas salieron de la organización, después de realizar la correspondiente investigación. Ya en su día, Oxfam Gran Bretaña, responsable del equipo implicado, publicó un comunicado de prensa el 5 de agosto de 2011 diciendo que habíamos iniciado la investigación y otro el 5 de septiembre anunciando el resultado de la misma.

Te escribimos para asegurarte que el caso no implicó a ningún miembro del personal de Oxfam Intermón pasado o presente. En ese momento, Oxfam Intermón trabajaba en Haití con una línea de gerencia diferenciada y no implicó a nuestro equipo. En ningún caso se produjo fraude económico y en absoluto esto tiene impacto en la gestión de las donaciones recibidas para la emergencia.

Desde Oxfam Intermón nos tomamos muy en serio hechos de este tipo, tenemos protocolos internos de prevención y detección ante el acoso y abuso sexual y actuamos con contundencia, transparencia y rendición de cuentas en torno a ellos, para garantizar que no se vuelvan a producir casos parecidos que son totalmente inadmisibles”.

“Desde Oxfam Intermón nos tomamos muy en serio hechos de este tipo, tenemos protocolos internos de prevención y detección ante el acoso y abuso sexual y actuamos con contundencia”. OI

Los hechos

Se trata de un asunto que ocurrió hace siete años, los infractores y delincuentes ya no están en Oxfam y ninguno ha pertenecido en la española OI. Es preciso aclarar que Oxfam en sí misma es una confederación internacional formada por 17 organizaciones no gubernamentales nacionales (entre ellas figura la española OI) que realizan labores humanitarias en 90 países. Su lema es “trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento”.

No se trata de un caso de corrupción y los fondos recaudados se están usando correctamente para el caso de emergencia en Haití. Además en OI existen protocolos internos de prevención y detección ante el acoso y abuso sexual.

Entonces, ¿por qué existe malestar y resquemor si aparentemente se puede confiar en esta ONG y en cualquier otra?

La información que ha llegado a España ha sido escasa y con cuentagotas, y como ya suele ser habitual en escándalos de cualquier índole, los datos y el estupor han ido aumentando con los días. Tras recopilar la información publicada en España y aquella firmada por The Times y The Guardian, el resumen de los hechos es el siguiente:

Roland van Hauwermeiren, de nacionalidad belga, en 2011 director de Oxfam Gran Bretaña en Hatí, había mantenido encuentros con prostitutas en una villa alquilada por la ONG. Otras fuentes reportan que el lugar había acogido orgías organizadas por los propios cooperantes que amenazaban a los conductores con rescindirles los contratos si lo denunciaban.

Barbara Stocking, la presidenta ejecutiva de Oxfam Gran Bretaña en ese momento, ofreció a Hauwermeiren “una salida gradual y digna” invocando su preocupación de que despedirlo arriesgaba “implicaciones potencialmente serias para el trabajo y la reputación de la organización benéfica”.

Además, otros dos hombres también pudieron dimitir durante una investigación sobre explotación sexual, descarga de pornografía y acoso e intimidación, en la que cuatro trabajadores de Oxfam fueron despedidos por mala conducta grave. En total y a raíz de los acontecimientos, en el 2011, Oxfam Gran Bretaña despidió a seis personas.

En total y a raíz de los acontecimientos, en el 2011, Oxfam Gran Bretaña despidió a seis personas.

Todo comienza a raíz de “varias denuncias” de la funcionaria sueca Amira Malik Miller, quien alertó a la organización benéfica británica Merlín de las actividades de Van Hauwermeiren, que en aquel entonces (año 2004) ostentaba el cargo de director en Liberia. Fue obligado a dimitir acusado de prácticas similares, contratación de prostitutas, organización de orgías y de abusos sexuales con mujeres locales. La benéfica terminó fusionándose con Save the Children.

A pesar de esto, Van Hauwermeiren fue contratado, casi dos años después, por Oxfam como director de la misión en Chad, proyecto que recibió 750.000 USD de financiación procedentes del Gobierno sueco, haciendo caso omiso a las denuncias de Malik Miller. Fue a continuación cuando asumió la dirección de la organización en Haití.

Tras el escándalo de Haití, fue destinado al proyecto de Bangladesh en la ONG francesa Acción contra el Hambre.

Ya en la actualidad, todas las ONG involucradas aseguran no conocer nada sobre los hechos previos a sus contrataciones, y dónde Oxfam omitió informar a Acción contra el Hambre lo sucedido en Haití, según constatan las fechas de las distintas denuncias.

El 12 de febrero de 2018, Penny Lawrence dimitió como vicepresidenta ejecutiva de Oxfam Gran Bretaña. Lawrence dijo: “Durante los últimos días nos hemos dado cuenta de que surgieron inquietudes sobre el comportamiento del personal tanto en Chad como en Haití y que no pudimos tomar medidas adecuadas. Ahora está claro que estas acusaciones, que involucran el uso de prostitutas y que están relacionadas con el comportamiento del director de país y de los miembros de su equipo en Chad, se denunciaron antes de que él se trasladara a Haití”.

Javier Martín Cavanna, editor de esta revista, publicó en 2015 un artículo sobre Oxfam Intermón. En su último párrafo, Martín Cavanna escribe sobre los donantes de la ONG: “La mayoría de ellos se identifican con sus valores y principios y esa es la principal razón por la que apoyan a la organización. Aunque solo sea por esa razón ‘utilitaria’, OI haría bien en asegurarse de que esos principios están presentes y orientan las decisiones de la organización”.

Es posible que OI haya percibido que este asunto, acaecido siete años atrás, pueda suponer un impacto muy negativo en las donaciones de particulares, empresas e instituciones, y de las cuotas de socias y socios que en el ejercicio 2016/17 ascendieron a 37.364.164 euros.

Entre muchos más ejemplos la ONG pretende “apoyar a mujeres que viven en situación de pobreza y exclusión para que reclamen y defiendan sus derechos a través de la participación de sus organizaciones en espacios de poder, el control de los recursos productivos y el acceso a servicios sociales básicos”.

También en las ONG Médicos sin Fronteras, Save the Children, Acción contra el Hambre y Alianza por la Solidaridad se han reportado abusos el año pasado.

¿Y el ‘compliance’, qué?

Pero Oxfam no es el único caso. También en las ONG Médicos sin Fronteras, Save the Children, Acción contra el Hambre y Alianza por la Solidaridad se han reportado abusos el año pasado. En Cruz Roja hubo por lo menos 21 casos de abusos sexuales en los últimos tres años. De acuerdo con RTVE, se estima que el personal de la ONU ha perpetrado alrededor de 60.000 violaciones en la última década y que entre los empleados de dicha organización hay 3.300 pedófilos, en muchos casos en contacto con niños vulnerables.

Si embargo, no parece que el problema de todas estas organizaciones resida en la carencia de políticas y códigos. “No es la falta de declaraciones y compromisos la principal omisión que debe corregir la ONG, pues cuenta con cerca de una docena de políticas y protocolos aprobados sobre distintos temas, sino la ausencia de mecanismos para verificar su cumplimiento”, escribió Martín Cavanna en su artículo de 2015 sobre OI.

En el sector privado, para prevenir riesgos y proteger a la propia empresa de casos de incumplimiento o de irregularidades y para parapetar su reputación las compañías están desarrollando e implantando programas de gestión de compliance. Tres pilares fundamentales de cualquier programa de cumplimiento son un canal de denuncia, su protocolo correspondiente y la formación.

Las ONG trabajan con personas vulnerables, y de poco sirve tener un número de teléfono o un correo electrónico en la página web al que no pueden acceder. El primer riesgo de una ONG es su propio personal, más aún aquel que está en contacto con colectivos en situación de indefensión absoluta, vulnerables y abandonados a su suerte.

Hasta ahora, las personas que desarrollan una actividad en una ONG, especialmente los voluntarios, no parecen haber sido considerados como un riesgo. Por ello, es importante que, al igual que el sector privado, las ONG se vean obligadas a establecer protocolos adecuados y eficientes para controlar a su propio personal, desde los voluntarios hasta los empleados y altos cargos. Además, esta medida sería insuficiente si no fuera acompañada de formación continua.

En el sector privado se está haciendo due diligence (debida diligencia) a la hora de contratar personal y directivos. Una due diligence puede consistir en una búsqueda en Google, contrastar información con empleadores anteriores, exigir credenciales privadas y legales, etc. Es lógico pensar que así el caso de Van Hauwermeiren habría sido evitado ya en 2006 a través de una labor básica de investigación y comunicación previa con su empleador anterior.

En la actualidad, parece que también OI está tomando en serio el asunto, tal y como la actual directora ejecutiva Winnie Byanyima ha señalado: “Lo ocurrido en Haití y posteriormente es una mancha en la reputación de Oxfam de la que, indudablemente, nos avergonzaremos durante años. Como decimos en mi idioma ‘Okuruga ahamutima gwangye, mutusaasire’, que significa ‘pido perdón desde el fondo de mi corazón’”. Ahora falta un buen trabajo para mejorar la supervisión y verificación de sus procesos internos.

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