‘Smart contracts’: ‘blockchain’ contra la corrupción

Desregulación, corrupción, lavado de dinero, narcotráfico, comercio ilegal de armas. Todas palabras que en el imaginario popular encuentran una relación directa con las criptomonedas y, en particular, con Bitcoin por ser la primera y la más popular de todas ellas.
Alan Leibovich16 marzo 2018
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En esta línea de pensamiento Ewald Nowotny, presidente del Banco Nacional de Austria y miembro del consejo de gobierno del Banco Central Europeo, ha declarado que el Bitcoin no solamente no es transparente sino que destacó que puede ser utilizado como vehículo para el lavado de dinero.

Por su parte Larry Fink, el CEO de BlackRock, el fondo de manejo de inversiones más importante del mundo, profundizando aún más en esta postura llegó a afirmar que “Bitcoin solo muestra cuánta demanda por lavado de dinero existe en el mundo”, mientras que el CEO de JP Morgan, Jamie Dimon, sostuvo que “las únicas personas que se encuentran en una mejor posición al usar Bitcoin en detrimento de las monedas regulares son los asesinos, narcotraficantes o las personas viviendo en países como Corea del Norte”.

Sin embargo, un estudio conjunto del Centro de Sanciones y las Finanzas Ilícitas dependiente de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD) y Ellicit (una compañía de análisis forense de operaciones con Bitcoin), titulado Bitcoin laundering: an analysis of illicit flows into digital currency services, mostró que menos del 1% de todas las transacciones en Bitcoin fueron utilizadas con el fin de lavar dinero.

Bitcoin es simplemente un ejemplo de criptomoneda, una moneda digital basada en un sistema de pagos del tipo “peer to peer” (es decir, entre nodos) construida sobre principios criptográficos: en vez de ser almacenada en un servidor central, toda la información es guardada de forma simultánea y pública en bloques en los diferentes nodos del sistema, los que se intercomunican para guardar y verificar cada transacción.

Menos del 1 % de todas las transacciones en Bitcoin fueron utilizadas con el fin de lavar de dinero.

Cada nuevo bloque contiene no solo la información que ha sido recientemente guardada en él sino también la de todos los bloques que lo preceden, lo que posibilita su vinculación con ellos y, por tanto, crea la cadena de bloques de información (o blockchain). Una vez que el bloque ha sido creado no puede ser modificado más tarde, ya que eso requeriría alterar también todos los bloques que lo han sucedido, y la integridad y el orden cronológico de la blockchain son asegurados a través de técnicas criptográficas.

Esto significa entonces que la creencia general de que Bitcoin es anónimo no encuentra su correlato en la realidad: si bien es cierto que las transacciones no registran las identidades de quienes han participado en ellas (aunque otras criptomonedas sí podrían hacerlo), sí quedan grabadas en la blockchain las “claves públicas” utilizadas en cada una de las operaciones y -de hecho- se puede acceder a ellas y analizarlas libremente, lo que significa que los flujos de Bitcoin pueden ser trackeados por cualquier usuario que tenga interés en hacerlo.

En el sitio web de Bitcoin explican: “Todas las transacciones Bitcoin se almacenan públicamente y permanentemente en la red, lo que significa que cualquiera puede ver los fondos y transacciones de una dirección Bitcoin. No obstante, la identidad del usuario que posee la dirección no es conocida a no ser que sea desvelada durante una compra o por otras circunstancias”.

Los smart contracts (o contratos inteligentes) son –básicamente- una suerte de programa informático autoejecutable que “corre” utilizando la estructura que proporciona blockchain en el que una serie de instrucciones previamente acordadas (y, por lo tanto, programadas) son puestas en práctica en caso de cumplirse ciertos requisitos previos, los que también han sido acordados de antemano, en un formato similar a “si X, entonces Y”.

Estas acciones autoejecutadas pueden, a su vez, ser parte de otra condición necesaria para una nueva acción, generando así una cadena de acciones potencialmente infinita en las que las partes no tendrían la necesidad de intervenir una vez que hayan finalizado con la negociación y diseño de la misma.

Ethereum, uno de los proyectos open source de utilización de smart contracts más difundidos en la actualidad los define como “aplicaciones que se ejecutan exactamente como han sido programadas, sin ninguna posibilidad de censura, fraude, o interferencia de terceros”.

Los ‘smart contracts’ son aplicaciones que se ejecutan exactamente como han sido programadas, sin ninguna posibilidad de censura, fraude, o interferencia de terceros.

Dicho esto, parece indudable que la implementación de smart contracts produciría una serie de mejoras y avances en materia de tiempos al optimizar y automatizar tareas que hoy en día son ejecutadas por los hombres sin que genere ningún valor agregado su intervención. En este sentido, un estudio del Banco de Santander ha calculado que para el año 2022 esta tecnología podría ayudar a recortar costos por hasta 20 billones de dólares por año, al simplificar significativamente la operación de los sistemas financieros que actualmente son caros, logísticamente complejos y están basados en un soporte en papel.

‘Smart contracts’ contra la corrupción

Pero no es la intención de este artículo analizar los innumerables beneficios en tiempos y reducción de costos que pueden traer los smart contracts al mundo en general y al de los negocios en particular, sino cómo pueden ser utilizados como una herramienta para combatir la corrupción.

Para ello, es necesario en primer lugar tener claro qué se entiende por corrupción. Transparency International define a la corrupción como “el abuso de un determinado poder que se le ha conferido a una persona para obtener un beneficio para sí mismo”, que –dependiendo de la cantidad de dinero y el sector en donde ocurra- puede ser clasificada en grande, pequeña y política dependiendo o de las sumas de dinero involucradas o del ámbito en el que se produce.

La corrupción de tipo político ocurre “por la manipulación de políticas, instituciones y reglas de procedimiento en el financiamiento y/o en la asignación de recursos por parte de aquellos que se encuentran en posiciones de toma de decisiones, quienes abusan de dicha posición para sostener su poder, su status y su riqueza”.

Por otro lado, la corrupción de tipo grande se da por el “abuso de poder de las altas esferas que beneficia a una minoría en detrimento de la mayoría, causando un daño serio y a todos los individuos y a la sociedad en su conjunto”, mientras que la de tipo pequeño ocurre ante “el abuso de un oficial público en sus interacciones diarias con los ciudadanos comunes que, generalmente, se encuentran intentando tener acceso a bienes básicos en lugares como hospitales, escuelas, destacamentos policiales y otros tipos de dependencias estatales”.

Las prácticas más habituales de corrupción varían según el país del que se trate y pueden ir desde sobornos y extorsión hasta tratos a puertas cerradas, tráfico de influencias, finanzas ilícitas, conflictos de interés o la irregularidad o trato desigual a la hora del cumplimiento de las leyes.

Los costos generados por la corrupción ascienden a más de 2.6 trillones de dólares (más del 5% del Producto Bruto Mundial).

Si bien la corrupción exclusivamente entre ciudadanos privados existe, en las definiciones más difundidas solo se encuentran incluidos aquellos actos en los que están vinculados oficiales públicos que, generalmente, tendrán del otro lado un individuo (ya sea un ciudadano o una entidad) del sector privado.

En una encuesta realizada a ejecutivos de empresas de diferentes industrias, cerca del 43% de los participantes contestaron que creían que habían perdido al menos una oportunidad de negocio debido al pago de sobornos por parte de sus competidores.

El World Economic Forum calcula que los costos generados por la corrupción ascienden a más de 2,6 trillones de dólares (más del 5% del Producto Bruto Mundial) mientras que en un informe titulado Myths and realities of governance and corruption, el Banco Mundial ha estimado que se paga únicamente en concepto de coimas y sobornos más de un trillón de dólares por año.

Es decir, aproximadamente el 2% del Producto Bruto Mundial termina en manos de agentes de gobierno corruptos que intervienen en la ejecución de diversos actos de los Estados y que, de implementarse eficientemente la tecnología de smart contracts, podrían quedar inmediatamente sin el poder que utilizan con fines ilegítimos: desde licitaciones públicas que son asignadas de forma automática a las empresas que hayan sido los mejores oferentes y no a aquellas cuyos funcionarios hayan ofrecido algún tipo de incentivo extraoficial, pasando por la provisión automática de medicamentos a personas en necesidad que reúnen los requisitos para acceder a ellos, hasta llegar a pagos a proveedores del Estado de forma automática ante el cumplimiento de las obligaciones comprometidas, eliminando la posibilidad de que exista un intermediario que pueda facilitar el perfeccionamiento de ese pago o de que el contratista cobre sin haber ejecutado la obra pactada.

Utilizando tecnología blockchain cada una de las transacciones pueden ser trazadas hasta su origen lo que aporta significativamente a la persecución de un eventual acto de corrupción. El diferencial que aportan los smart contracts sobre otras soluciones basadas en la tecnología de la cadenas de bloques está en la autoejecutoriedad de las instrucciones y de las operaciones que regulan, lo que genera una imposibilidad fáctica (o, al menos, un notorio incremento en la dificultad) de ejecutar actos de corrupción excepto que los mismos hayan sido planeados y acordados en el momento mismo de la negociación y armado de la secuencia lógica que rige ese contrato-programa, lo que sería también pasible de ser corroborado por la comunidad.

La posibilidad de reducir en hasta un 40% los impactos que se estima derivan de la corrupción se encuentra a tan solo unas líneas de código de distancia. ¿Podrán los gobiernos estar a la altura de la oportunidad que la tecnología les facilita?

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