De Arthur Andersen y la RSC de los auditores a “La vida sigue igual" de Julio Iglesias

El auge y caída de Arthur Andersen es caso de estudio en la mayoría de debates sobre ética y responsabilidad empresarial. Y hoy vuelve a resonar en mi cabeza analizando el DJSI World 2018 y la verificación de la información ASG (ambiental, social y de gobierno).
Begoña Morales18 septiembre 2018
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La compañía nació en los años 30 con una misión muy clara. Su fundador, Arthur Andersen entendía la independencia de juicio y actuación de los auditores como una necesidad básica para garantizar su existencia, ya que, en palabras del fundador “la responsabilidad de los auditores es hacía los inversores, no hacía sus clientes”.

Durante años, la compañía, guiada por estos valores, fue un referente de independencia y los informes auditados por ella, garantía de veracidad.

Cuando comenzaron a ofrecer servicios de consultoría, y estos supusieron un volumen de ingresos muy superiores a los producidos por la auditoría, se generó un conflicto de interés. Se complicó mucho la capacidad para mantener la independencia en aquellos clientes que aportaban grandes volúmenes de ingresos por consultoría. Los socios, que además comenzaron a remunerarse por cumplimiento de objetivos de ingresos, empezaron a ver cada vez más lejos esa “responsabilidad hacía los inversores” y desviaron su mirada hacia esos clientes que les estaban haciendo de oro.

El caso Enron puso de manifiesto la magnitud del problema y las consecuencias de este conflicto de interés entre los beneficios aportados por la consultoría y la veracidad de la información de la auditoría. Se demostró que Arthur Andersen destruyó documentos que comprometían la veracidad de los informes de auditoría que había llevado a cabo sobre la eléctrica, de la que por otra parte era su consultora de referencia.

El final de la historia, conocida por todos, fue la desaparición de Arthur Andersen y el posterior cambio legislativo que limita los servicios de consultoría a las firmas auditoras.

Toda esta historia me viene a la cabeza por su similitud con la verificación de la información no financiera. La información ASG (ambiental, social y de gobierno) lleva años siendo reportada de manera voluntaria por grandes compañías, muchas de las cuales, además solicitan la verificación de la misma por parte de una firma externa.

Toda la historia de Arthur Andersen me viene a la cabeza por su similitud con la verificación de la información no financiera: ASG (ambiental, social y de gobierno).

Durante años esta información no ha sido especialmente relevante para los inversores, pero en los últimos tiempos ha crecido de manera significativa el número de ISR (Inversores Socialmente Responsables), que tienen en cuenta el desempeño ASG en sus decisiones de inversión.

Formar parte de los fondos ISR, como el Dow Jones Sustainability Index, es por tanto objetivo de muchas compañías. La semana pasada DJSI publicó el índice de sostenibilidad DJSI World 2018 (Vid. Inditex, Enagás y Naturgy, las españolas que lideran sus sectores el DJSI 2018) y Europa Press decía:

“En concreto, 30 compañías españolas fueron invitadas a participar en esta edición, respondiendo a un cuestionario de forma voluntaria y gratuita. No obstante, todas las empresas son evaluadas, contesten o no el formulario. «El 50% de las empresas que podían ser elegidas han sido escogidas».

Hablando con un compañero de profesión de las empresas españolas que han entrado en el DJSI, las que han salido y las que se han mantenido, me comenta que determinada compañía había entrado gracias a los buenos servicios de la compañía auditora que les había asesorado.

Ante esta afirmación se encendieron mis alarmas. ¿En que ayudó la compañía auditora? ¿En asesorar a la compañía sobre cómo hacer bien las cosas? ¿En presentar la información ASG de tal manera que consiguiera los puntos del DJSI?

Lo primero que me viene a la cabeza es: ¿Hacía quién sienten responsabilidad los verificadores ASG?

Me preocupa mucho esta reflexión teniendo en cuenta que, en el caso de Arthur Andersen se trataba de números que reflejaban dinero (ingresos, beneficios, dividendos, etc), pero en el caso ASG se verifican cifras y programas que reflejan trabajo digno, corrupción, respeto por los derechos humanos o contaminación del agua.

Me encantaría leer o escuchar declaraciones de los primeros directivos de las compañías que verifican la información ASG diciendo que sienten que su responsabilidad es hacía los ISR, la sociedad civil o los consumidores. Me preocupa pensar que, como ocurrió a Arthur Andersen, respondan antes ante clientes que invierten grandes cantidades de dinero en hacer análisis de materialidad, planes directores de RSC, códigos éticos o en pagar a terceros para que rellenen de la mejor manera los formularios de los monitores de sostenibilidad.

Creo que, hemos pasado de la auditoría del ingreso a la auditoría de la responsabilidad en el modo de conseguir el ingreso y debemos asegurar que está hecha con independencia de juicio y actuación”, como promulgó Arthur Andersen en su momento.

Y si no, repetiremos los casos Enron, a ritmo de Julio Iglesias:

“Al final las obras quedan

Las gentes se van

Otros que vienen las continuarán

La vida sigue igual”

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