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“En España no estamos preparados para hablar de corrupción”

Entrevista a Rodrigo Sorogoyen, director de la película ‘El Reino’, que aborda a través de un caso ficticio de un político autonómico, la segunda mayor preocupación de los españoles, según el último Barómetro del CIS: la corrupción.
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El vacío se abre bajo los pies del protagonista de El Reino, Manuel López-Vidal, cuando su nombre aparece en los informativos de todas las cadenas de televisión involucrándole en una trama de corrupción de su partido. Un político autonómico con pretensiones a saltar a la arena política nacional que se convierte, sin esperarlo, en el cabeza de turco de su partido cuando los medios de comunicación destapan el caso.

Rodrigo Sorogoyen, director de esta cinta, traslada al espectador a una ciudad costera que recuerda mucho a Valencia y le hace codearse, desde la butaca del cine, con la corrupción más ‘hortera’ de España que tiene tufillo a mariscadas, clubes de señoritas de alterne y regalos para comprar favores.

Desde Francia, donde está trabajando en su próxima película, Sorogoyen responde telefónicamente a esta entrevista que aborda, no solo el viaje personal que como director y ciudadano le lleva a contar esta historia, sino también la situación que desde hace años se ha destapado en España: la corrupción de sus políticos, sean del signo ideológico que sean.

Desde el comienzo de la crisis económica en España, hace una década, se han destapado muchos casos de corrupción en la política y en el mundo empresarial, pero se ha tratado muy poco desde el mundo de la cultura, ¿por qué cree?

Yo creo que si no se habla de algo es porque no se está preparado como sociedad. Hay veces que hace falta tiempo para que se puedan tratar ciertas cosas.

Aquí nos hemos autocensurado y no ha habido ni hay un debate político democrático sano, pero creo que está cambiando. Está claro que, uno, siendo un tema muy importante; dos, que le preocupa al ciudadano; y tres, bastante potente cinematográficamente, no se ha hablado de la corrupción. La única razón que te puedo dar es esa: que no hemos querido mirar ese problema. ¿Por qué? Porque somos un país con una alta tolerancia a la corrupción y no miramos al problema de cara…

La historia ocurre en una ciudad costera que traslada inevitablemente a Valencia y recuerda a la trama Gürtel. ¿Se inspiraron en este caso de corrupción en concreto?

Sí, nos ha inspirado la trama Gürtel, porque es muy mediática y había mucha información sobre ella, pero sobre todo el personaje de Bárcenas, con esa amenaza de tiro de la manta. Hay un thriller propio en él. Pero luego el personaje de nuestra película no se parece en nada a Bárcenas.

Queríamos que el espectador siguiera, para bien y para mal, a nuestro protagonista, que estuviera con él, y que lo juzgara desde una perspectiva totalmente libre. Si hubiéramos hecho una película sobre Bárcenas o El Bigotes hubiera habido un prejuicio por parte del espectador porque ya tiene mucha información sobre ellos. Nosotros queríamos retratar a un tipo de lo más normal, con un nombre tan común como el de nuestro personaje: Manuel López-Vidal.

“El personaje que más nos ha inspirado es Bárcenas con esa amenaza de tiro de la manta”.

¿Cómo se han documentado para hacer esta película?

Leyendo mucho y viendo muchas noticias, que la verdad han sido una gran fuente de documentación; pero también quisimos entrevistarnos con gente de partidos políticos, de la judicatura, con periodistas…

Por ejemplo, con Álvaro Pérez, El Bigotes, sí que nos vimos en varias ocasiones. Queríamos pasar un tiempo con él y mirarlo a los ojos, ver cómo era… No por ser un corrupto en sí, sino por su condición de ser humano, una persona que está en esa situación.

La principal regla que seguimos Isabel y yo, y también Antonio de la Torre, que interpreta a Manuel López-Vidal, era no juzgar a nadie. Nuestro personaje está metido en una trama corrupta, pero queríamos que el espectador juzgara con toda la libertad del mundo si es malo o bueno. No estamos haciendo una película para demostrar que los malos tienen que pagar, sino para intentar entender qué le pasa a esta sociedad, qué les pasa a estos individuos, qué les pasa a estos partidos.

Hay una secuencia en la que Manuel está llamando por teléfono en un bar en el que un cliente se queda con el cambio que le da un camarero aun sabiendo que le está dando dinero de más. ¿Toda persona es susceptible de ser corrupta?

Todos tenemos un precio, sí. Hay quien lo tiene más alto o más bajo. El precio no tiene por qué ser solo dinero; pero sí, esa escena habla por sí misma…

¿Cree que la sociedad está un poco anestesiada ante la corrupción? ¿Por qué no castiga a los políticos en las urnas?

Por supuesto. No somos un país que se preocupe por estos temas, que mire lo que tiene que mirar. Nos indignamos tomando una caña y arreglamos el mundo en el bar; pero luego no lo hacemos con acciones reales o con acciones serias y conscientes. No nos interesa eso, solo la queja fácil.

Hay otra escena que provoca la risa de los espectadores y aborda la actitud de los corruptos que les hace creer que no han hecho nada malo hasta el punto de justificarse ante sí mismos y los demás.  ¿Qué opina de que un thriller como el suyo provoque la carcajada del público?

Es algo totalmente intencionado. A mí mismo me ha pasado que, viendo las noticias y escuchando una grabación de un hijo de puta que se está quedando con mi dinero, me entra la risa por cómo se expresa o por las barbaridades que dice. Ponemos al espectador en la situación de preguntarse a sí mismo por qué se ríe si le están robando.

Además, son muy cómicos por lo mucho que se justifican y por la impunidad con la que se creen. Son personajes tan cercanos a nosotros, de nuestro mismo país o nuestra ciudad, pero tan alejados y tan pintorescos, que me gusta ponerlos en un balcón sufriendo sin entender qué les ha hecho el mundo.

“Los políticos corruptos son muy cómicos por lo mucho que se justifican y la impunidad con la que se creen”.

¿Después de rodar esta película ha llegado a entender al corrupto? ¿Se ha puesto en sus zapatos?

La palabra “entender” es muy amplia y no quiero que se malinterprete. Nuestra responsabilidad como contadores de historias y la de Antonio de la Torre como actor es intentar entender. Eso no significa que justifiquemos acciones como las de Bárcenas, por ejemplo.

En la película nunca vemos a Manuel López-Vidal robando. Lo ves cuando está metido en esa trama de corrupción destapada por los medios y su huida hacia delante. Lo que yo ‘entiendo’ es su huida hacia adelante. La película nunca pone al espectador de parte de un ladrón, sino de parte de un ladrón que ha robado muchísimo y que debería pagar por lo que ha hecho; pero que se pregunta a sí mismo: “¿Me estáis traicionando todos y yo no puedo traicionaros?”. “¿Qué está pasando aquí, si yo creía que todos éramos impunes?”.

Hay un personaje, Amaia, la periodista, interpretada por Bárbara Lennie, que habla de los medios de comunicación como un poder controlado por otro poder. Hace unos días la Ministra de Justicia, Dolores Delgado, hablaba de limitar la libertad de expresión para frenar las fake news (las noticias falsas). Hay quien podría pensar que tras estas declaraciones hay un intento de controlar a los medios. ¿Cree que los medios de comunicación han ayudado estos años a mantener a gobiernos corruptos y contrarios al bien común en el poder?

Es difícil contestar a estas preguntas. Depende. Unos sí, otros no, como los ciudadanos. Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad y siempre pueden hacer más. ¿Son irresponsables? Sí, muchas veces. ¿Son necesarios? Por supuesto, y menos mal que están ahí. ¿Hay algún medio de comunicación que sea estrictamente pulcro? Pues no. Están dentro del sistema y cada uno baila como puede.

En la película hemos intentado que se refleje una generalización, que siempre va a ser injusta, sobre lo que nosotros opinamos del papel que juegan hoy en día los medios de comunicación. Hemos creado a Amaia, un personaje fuerte, buena profesional y ambiciosa, pero que está metida en un juego en el que a lo mejor está a disgusto, pero que también le viene bien.

La soledad del político corrupto y la traición de sus compañeros de partido son dos constantes que vertebran la historia ¿Está tan solo el corrupto como lo está Manuel en su película? Y esto recuerda mucho a Bárcenas (extesorero del PP) y a Rita Barberá (alcaldesa de Valencia durante casi dos décadas) a los que su partido dio la espalda.

Digamos que está más solo. Hay una constante que es que, cuando las cosas te van bien, tienes muchísimos amigos y, cuando te van mal, pues no tantos. Ahora, que todo el mundo, hasta tus mejores amigos, te traicione, que es lo que le pasa a nuestro protagonista en la película, pues tampoco voy a afirmar que eso sea así. Seguro que siempre te queda por ahí algún amigo de verdad que ha estado a las malas y sigue a tu lado.

“Hay un trabajo, por parte de las instituciones y de nosotros mismos como sociedad, de educar a nuestros hijos en valores”.

¿La solución es expulsar al político corrupto ‘del reino’, es decir, del poder, o ‘el reino’ está tan corrupto que no es suficiente? ¿Cuál es la solución para que esta sociedad cambie y sea más intolerantes con la corrupción? ¿Quizás la educación en valores?

Es algo muy complejo y yo solo hago películas. No tengo la solución. Está claro que la educación es algo muy importante y que se ha ninguneado en España. Hay un trabajo por parte de las instituciones, pero también por parte de los padres, y de nosotros mismos como sociedad y como individuos, de educar a nuestros hijos en valores.

¿Se podría decir que la corrupción es consustancial al poder?

Cuanto más poder, más impune te crees, está claro. Un político que tenga mucho poder se cree más impune y, en la corrupción, hay algo que hace que los corruptos crean que lo que están haciendo es necesario, de no creer que son corruptos, de justificarse ante sí mismos. Cuanto más poder, más fácil es corromperse y más fácil es justificarse, más fácil que te creas que te mereces un premio.

Ahora la sociedad parece que está pidiendo a las empresas más transparencia y ética en los negocios. De hecho, con la reforma del Código Penal de 2015 se responsabiliza a la persona jurídica ante la comisión de posibles delitos en su seno. ¿Cree que la corrupción se puede cortar mediante leyes que sirvan para prevenir delitos o que condenen más duramente a los corruptos, o se ha dejado de creer y de confiar, no solo en los políticos, sino también en la Justicia?

Sí, hemos perdido la fe en la Justicia desde el momento en el que meten a alguien en la cárcel por cantar una canción y, sin embargo, ves criminales en la calle que han robado; no se entiende.

Lo que sí es cierto es que no tiene nada que ver la impunidad del año 2006 o 2007 con la que hay ahora. Ahora un corrupto está más acojonado, menos mal, y el ciudadano, poco a poco, debería ir creyendo un poco más en la Justicia; pero queda mucho camino por recorrer.

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