Director y patronato de las fundaciones, cómo construir una relación colaborativa

El director ejecutivo (gerente general, CEO, consejero delegado o como quiera que se le denomine) es una figura esencial en cualquier organización. Sobre él descansa la responsabilidad principal de hacer efectiva la estrategia de la institución.
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En las fundaciones esta responsabilidad ha estado compartida tradicionalmente entre el director ejecutivo y el patronato (o junta directiva en las asociaciones). Una de las diferencias más importantes entre el sector no lucrativo y el lucrativo es, precisamente, la importancia y el peso que el patronato ha tenido siempre en el gobierno de estas organizaciones.

La razón es muy sencilla: la mayoría de las entidades sin ánimo de lucro han nacido impulsadas por un grupo de personas voluntarias que decidieron unirse para resolver un determinado problema o necesidad social. En los orígenes no contaron con un director ejecutivo responsable de la gestión de la organización. Los miembros del patronato eran los responsables de impulsar los programas, buscar los recursos y gestionar el día a día de las actividades.

Solo cuando la organización fue creciendo y ganando en complejidad, se vio conveniente buscar una persona a tiempo completo y remunerarla para dirigir la organización.

Es verdad que en los últimos años en el ámbito empresarial se ha introducido la costumbre de distribuir y equilibrar los poderes de la organización entre un consejero delegado ejecutivo (director ejecutivo) y un presidente no ejecutivo que lidera el funcionamiento del consejo de administración, pero este reparto actual de poderes es relativamente nuevo en el sector empresarial, mientras que en el no lucrativo ha estado presente desde sus orígenes.

El fundamento del buen gobierno no puede descansar en levantar compartimentos estancos entre los diferentes órganos directivos, sino en encontrar los mecanismos eficientes para la obtención de resultados.

La relación entre el director ejecutivo y el patronato es una de las áreas más conflictivas en el gobierno de las fundaciones. La distribución o división de poderes es siempre una tarea compleja. Resulta más sencillo ejercer un poder que no se comparte con nadie, pero no necesariamente más eficaz.

A pesar de lo que afirman muchos expertos y la mayoría de los manuales, el tema no se resuelve con el sencillo expediente de reservar al director ejecutivo las tareas propias de la gestión (management), dejando al patronato las relativas al gobierno (governance) de la organización; entre otras razones porque no siempre resulta sencillo delimitar dónde termina la gestión y empieza el gobierno y viceversa.

Además, una relación basada exclusivamente en la delimitación detallada de competencias alimenta con frecuencia la lucha por defender el propio territorio en lugar de centrarse en la obtención de resultados. No quiere decir que sea superfluo definir las responsabilidades del director ejecutivo y del patronato, pero el fundamento del buen gobierno no puede descansar principalmente en levantar compartimentos estancos entre los diferentes órganos directivos (personales o colegiales), sino en encontrar los mecanismos más eficientes para trabajar conjuntamente con vistas a la obtención de resultados.

Dos son las cuestiones más importantes a cuidar para que las relaciones entre el director ejecutivo y el patronato sean eficaces y colaborativas:

  1. Acordar un sistema de reporte claro por parte del director ejecutivo al patronato.
  2. Desarrollar políticas explícitas sobre la selección, evaluación y salida del director.

Todas estas cuestiones se abordarán en el próximo taller de la Fundación Compromiso y Transparencia: Construyendo equipo: ¿Cómo mejorar la colaboración entre el patronato y el director ejecutivo? El curso intensivo tendrá lugar el día 21 de noviembre de 09:30 a 13:30 horas en la sala de juntas de la Fundación ICO.

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