Por una mayor claridad en el desglose de gastos

Uno de los secretos mejor escondidos por parte de las fundaciones empresariales es el porcentaje de dinero destinado al cumplimiento de fines de interés general.
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La Fundación Compromiso y Transparencia ya lo puso de manifiesto en su informe Construir confianza 2016. En defensa de la acción desinteresada, al llamar la atención sobre la falta de transparencia en el desglose de los gastos (tan solo diez de las 75 fundaciones empresariales publicaban esta información en el año 2017).

En el caso de las fundaciones empresariales el desglose de los gastos destinados a los fines de interés general y a los gastos administrativos resulta especialmente problemático por varias razones.

Por la vinculación natural entre la fundación y la empresa puede haber casos en que no sea fácil deslindar qué actividades impulsadas por la fundación empresarial persiguen fines de interés general y cuáles, en realidad, benefician directamente a la empresa. Por otra parte, no es infrecuente que los sueldos de algunas personas que forman parte de la plantilla de la fundación, así como otras actividades que realiza la fundación, se imputen como gastos destinados al cumplimiento de los fines de interés general y no como gastos de estructura.

La mayoría de las ONG que recaudan dinero del público tienen muy claro este criterio y, por esa razón, el ratio gastos generales/gastos sociales es una de las cifras más claras y visibles en la información que proporcionan a sus donantes.

Esa claridad y transparencia no siempre está presente en las fundaciones empresariales. Así, por ejemplo, la Fundación Banco de Santander y la Fundación Mapfre presentan los datos de manera agregada, informando que destinan 6,6 millones y 49,8 millones a financiar actividades, y que sus gastos de administración y gastos generales están imputados a esa cifra global. Pero, precisamente, lo que se exige es desglosar las cantidades no agregarlas.

En otros casos, como el de la Fundación Bancaria “la Caixa” (FBlC) la información que se proporciona es incorrecta o, cuando menos muy confusa. En efecto, en sus diversas comunicaciones la FBlC declara que destina 510 millones a la Obra Social. La cifra real, sin embargo, está muy alejada de esa cantidad.

Si se analizan las cuentas anuales de 2017 se puede comprobar (nota 13.1) que el dinero empleado en la financiación de los diferentes programas sociales asciende a 254 millones de euros. Desconocemos de dónde salen esos 510 millones, pues ni aun sumando la partida de Producción y explotación de actividades, que corresponde a los gastos en los que la fundación incurre para ejecutar sus actividades fundacionales y que ascienden a 121,9 millones, se alcanzan los 510 millones.

En el Informe Anual 2017 (página 71) se informa que esos 510 millones no fueron tales y que, en realidad, el presupuesto real ejecutado fueron 475,9. De los que 279 corresponden a los programas sociales, 121,3 millones a programas de Divulgación de la cultura y el conocimiento y 74,9 a programas de Investigación y formación.

Por otra parte, en el Informe Anual de Gobierno Corporativo correspondiente al año 2017 se  dice (página 52) que el presupuesto liquidado en ese año ascendió a 505,7 millones de euros, desglosándolo en tres áreas: programas sociales (300 millones), programas de Investigación (72 millones) y programas de Divulgación y cultura (127,6 millones).

Es decir, disponemos de tres informes que proporcionan información diferente sobre el mismo hecho. No se puede saber si el dinero desembolsado para programas sociales ha sido de 505, 475,9 o 254 millones. Como podemos comprobar, no se trata de pequeñas diferencias. Nuestras dudas podrían quedar despejadas si la FBlC en sus cuentas general distinguiese con más claridad y transparencia la naturaleza de los gastos, como hacen sus homólogas americanas. En realidad, lo que la FBlC hace para obtener la cifra de 510 millones es sumar la partida de Producción y explotación de actividades que asciende a 121,9 millones de euros de acuerdo con las cuentas auditadas de 2017. Estos gastos no tienen la consideración de “ayudas monetarias” y por esa razón no pueden dar lugar a equívocos a la hora de informar. Lo que la FBlC destina a ayuda de terceros (for the benefit of others, como lo explican las fundaciones en EEUU) son 254 millones de euros, nada más y nada menos.

Por consiguiente, ¿falta a la verdad la FBlC cuando afirma que destina a la Obra Social 510 millones de euros? Faltar a la verdad quizás sea una afirmación muy radical, pero desde luego esa declaración es deliberadamente ambigua y no se corresponde con las buenas prácticas a la hora de informar con claridad y transparencia del destino de sus fondos. (Vid. Fundación Bancaria “la” Caixa: ¿Se puede servir a dos señores?)

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