La (incierta) promesa de las tecnologías cívicas

En la última década, la proliferación de herramientas digitales que buscan facilitar y promover la participación ciudadana en las decisiones públicas ha sido notable a nivel internacional. Son las llamadas tecnologías cívicas, un concepto bastante amplio que se puede acotar más o menos dependiendo de cómo de restrictivos sean los criterios que se apliquen para definir qué constituye participación ciudadana o una decisión pública.
Javier Crespán4 septiembre 2019
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FixMyStreet.

Se conceptualicen de forma más expansiva o más estrecha, las tecnologías cívicas constituyen sin duda una innovación social de gran potencial que ha adquirido fuerza en tiempos recientes. En el caso particular de este artículo, la discusión se centrará fundamentalmente en aquellas herramientas digitales que buscan fortalecer la capacidad de los ciudadanos para transmitir sus necesidades y preferencias a los distintos niveles de gobierno y sus brazos administrativos.

El circuito de retroalimentación entre las políticas y servicios de los gobiernos y las necesidades y preferencias de los ciudadanos, es sin duda bidireccional. Incluye tanto el flujo de información de los ciudadanos hacia las autoridades públicas, como la difusión entre aquellos de las acciones de estas y sus efectos.

Con respecto a la segunda parte de la ecuación, destacar las plataformas digitales que facilitan a la ciudadanía el acceso y/o interpretación de datos de gobierno y gestión pública, promoviendo la transparencia. Este es un campo en el que este artículo no se adentrará, y que merece su espacio propio. En el otro lado del circuito se encuentran las herramientas de opinión y reporte ciudadano que favorecen que el público transmita sus necesidades, exprese sus preferencias y comunique su grado de satisfacción con las decisiones y servicios públicos.

Los ejemplos abundan. FixMyStreet es una herramienta que surgió en el Reino Unido para facilitar que la ciudadanía reporte pequeños problemas con la infraestructura pública local. Los ciudadanos notifican los problemas vía web o aplicación móvil, y las autoridades responsables reciben la información y le dan curso según consideren. Al estar georreferenciados y categorizados, los reportes ciudadanos se asignan automáticamente a las autoridades apropiadas, por lo que no es imprescindible que las personas que los generan conozcan de forma previa el organismo público competente, ni sus canales particulares de petición o queja.

FixMyStreet se ha replicado ya en más de una decena de países de varios continentes. En América Latina la herramienta fue adaptada en Uruguay y Costa Rica bajo el nombre de PorMiBarrio, y en la República Dominicana bajo el nombre de CuidoMiCiudad. En España, está presente en Alcalá de Henares, Madrid y en Alcantarilla, Murcia.

Existen otras plataformas similares pero independientes, como puedan ser SeeClickFix o PublicStuff en Estados Unidos, o I Change My City en India, por citar algunas. Aunque varias de estas plataformas incluyen funcionalidades adicionales que van más allá del simple reporte de una farola rota o un agujero en la calle, el foco principal de todas ellas está en facilitar al ciudadano el reporte sencillo de problemas concretos en su ciudad que requieren de la atención de las autoridades.

El nivel de integración de estas plataformas con los sistemas de gestión de las administraciones públicas varía. Esta no es una cuestión menor, ya que la utilidad que estas herramientas ofrecen a los ciudadanos está vinculada en gran medida a la reacción de las autoridades ante las incidencias reportadas. Si no su solución, el ciudadano espera al menos el reconocimiento del problema.

Avisos Madrid.

Las herramientas de este estilo se centran en la primera parte del circuito de retroalimentación que vincula a la ciudadanía y los responsables públicos, aquella que va del ciudadano a las instancias de administración y gobierno. Sin embargo, en la medida en que las plataformas difunden datos sobre el grado y tiempos de respuesta de las autoridades a los problemas reportados, también contribuyen a transparentar la sensibilidad de aquellas a ciertos tipos de inquietudes ciudadanas. De forma oblicua, entran por tanto en la segunda parte del circuito, poniendo a disposición de los ciudadanos información sobre el actuar de las instituciones de gobierno.

En otras ocasiones, son los gobiernos los que toman la iniciativa y recurren a las tecnologías cívicas para pedir a los ciudadanos su opinión sobre asuntos públicos. A través de Decide Madrid, el portal municipal de participación ciudadana, el Ayuntamiento de la capital española invita a sus residentes a presentar propuestas, debatir sobre cuestiones de interés local, y, de forma destacada, participar mediante el voto en la toma de ciertas decisiones. Gobiernos locales de muchos otros lugares del mundo han emprendido esfuerzos similares. De hecho, Decide Madrid se basa en Consul, una herramienta de software libre que utilizan muchas otras ciudades para promover la participación.

Si bien de forma más limitada, algunos gobiernos nacionales han emprendido también iniciativas de este tipo. El de Colombia, por ejemplo, utilizó Consul para solicitar de la ciudadanía propuestas para su plan nacional de desarrollo. Lo que no es común encontrar a nivel nacional son consultas vinculantes como las que el Ayuntamiento de Madrid y otros gobiernos locales han realizado a sus ciudadanos.

Estonia es un caso particular en este sentido, ya que permite el voto a través de Internet en la que la consulta política más importante del país: las elecciones al parlamento nacional. En las últimas elecciones legislativas, cerca de la mitad de los ciudadanos estonios que ejercieron su derecho al voto lo hicieron a través de Internet (44%). No es asunto menor, ya que al igual que en otros sistemas parlamentarios, los legisladores estonios, además de aprobar leyes, determinan quién encabezará el gobierno nacional. Otros países han experimentado con el voto online, pero en ninguno ha alcanzado un grado de desarrollo similar.

Implantación y limitaciones

Por otra parte, es importante reconocer las limitaciones que las tecnologías cívicas tienen a la hora de promover la participación de los ciudadanos, y por tanto de facilitar que la información sobre sus necesidades y preferencias fluya hacia los poderes públicos. Las propuestas ciudadanas que se lanzan a través de Decide Madrid, por ejemplo, rara vez alcanzan el apoyo del 1% del censo requerido para que sean discutidas por el gobierno municipal.

PorMiBarrio Montevideo, aunque es una referencia en América Latina, apenas canaliza el 1% de los reclamos que los ciudadanos dirigen a la Intendencia de la ciudad (Por Mi Barrio: Hallazgos, Lecciones y Futuro. Carolina Aguerre y Carla Bonina, 2018). Y en las últimas elecciones legislativas de Estonia, votó un modesto 64% de los electores.

A nivel cuantitativo, las facilidades que las tecnologías cívicas ofrecen no parecen ser suficientes para generar por sí mismas un incremento sustancial en la participación ciudadana. A nivel cualitativo, el tipo de participación que la mayoría de ellas permite dista mucho de alcanzar la profundidad necesaria para dinamizar la esfera pública de la que Habermas hablaba. No se trata solo de expresar preferencias ya definidas, sino de conformar opiniones a través de un proceso dialógico que mediante el debate de ideas sirva de base para emprender proyectos comunes.

Hay herramientas digitales como la plataforma australiana OurSay que buscan precisamente eso, fomentar la deliberación sobre asuntos públicos. Sin embargo, es de destacar el reconocimiento que precisamente OurSay hace de la importancia de combinar las estrategias online y offline.

A modo de conclusión, es importante dimensionar lo que las tecnologías cívicas pueden realmente representar para la participación ciudadana. Si bien están todavía en su juventud y tienen espacio para crecer y evolucionar, es poco probable que vayan a provocar por sí solas un cambio radical en la extensión y profundidad de la participación. Más bien, parecen ofrecer a los públicos ya proclives a ejercerla nuevos canales complementarios para dar curso a su vocación cívica.
 

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