Etiquetado claro de alimentos: una herramienta para comer mejor

En distintos países de América Latina se han introducido políticas para mejorar la nutrición de la población, sin embargo no hay estrategias coordinadas. La industria de alimentos debe comprometerse a informar mejor a los consumidores.
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Los gobiernos y las organizaciones de consumidores de todo el mundo ven el etiquetado nutricional como un instrumento clave en los esfuerzos por mejorar los hábitos alimenticios para ayudar a contrarrestar las crecientes tasas de obesidad y otras enfermedades crónicas relacionadas con la dieta. Se ha demostrado que es útil para informar y que mejora las posibilidades de evaluar si un producto es o no saludable. Además, tiene la capacidad de redireccionar las elecciones alimentarias hacia productos de mejor calidad nutricional.

“La prevención de la obesidad y el sobrepeso ha sido priorizada por muchos de los países de América Latina y el Caribe. Las prevalencias presentes en algunos de los países de la región se encuentran entre las más altas del mundo. Los países de esta región, y aquí incluyo a los Gobiernos pero también a las organizaciones de consumidores e incluso a diversas empresas, están haciendo muchas cosas, algunas realmente innovadoras, para tratar de reducir los niveles de sobrepeso y obesidad. Y reitero el uso de la palabra ‘tratar’, porque la realidad es que a escala nacional, los indicadores de sobrepeso y obesidad siguen al alza”, observa Ricardo Rapallo, oficial principal de Políticas, Seguridad Alimentaria y Nutricional de la oficina de América Latina y el Caribe de la FAO.

Para poder elegir bajo su total responsabilidad, los consumidores tienen el derecho de saber qué es lo que comen. Según Rapallo, hoy por distintas razones se adquieren muchos más productos que han tenido algún grado de procesamiento, y algunos de ellos presentan altas proporciones de sal, grasas, azúcar que en un consumo elevado son perjudiciales para la salud. “Necesitamos etiquetados que sean fáciles y rápidamente entendibles por toda la población”, sugiere el especialista de FAO.

El etiquetado frontal es una herramienta especialmente valiosa para proteger a las personas más vulnerables y en mayor riesgo nutricional. Según un informe de Unicef, se ha comprobado que estos sectores de la población evalúan menos críticamente los productos y son las más influenciadas por el etiquetado a la hora de la compra.

En la región, se han ensayado múltiples formatos de etiquetado frontal. Es necesario tomar criterios comunes entre los distintos países porque, al menos llama la atención, que la etiqueta de una golosina en Chile diga: “Alto en azúcares, alto en grasas y alto en calorías” y la misma golosina en Argentina diga: “porción justa”.

Varios países de la región ya han sancionado normativa de etiquetado frontal de carácter obligatoria, tales son los casos de Ecuador (modelo de semáforo – 2014), Chile (modelo de advertencia – 2016), Bolivia (modelo de semáforo – 2016), Perú (modelo de advertencia – 2018), Uruguay (modelo de advertencia – 2018) y recientemente la Agencia de Alimentos de Brasil lanzó una consulta pública con distintos sellos de advertencia.

Actualmente, Argentina no posee una legislación vigente sobre el tema. La Secretaría de Salud y el Ministerio de Producción y Trabajo están embarcados en una política de diálogo para llegar a un modelo de etiquetado frontal local. Como así también, a nivel regional, en el ámbito Mercosur, se encuentra en discusión la normativa sobre esta temática.

Según Unicef, los sistemas que demostraron ser más efectivos para mejorar la elección de compra son aquellos que son sencillos, consistentes, que no requieren habilidades matemáticas y son rápidamente interpretables.

Según Unicef, los sistemas que demostraron ser más efectivos para mejorar la elección de compra son aquellos que son sencillos, consistentes, que no requieren habilidades matemáticas y son rápidamente interpretables. Para esta organización, el etiquetado frontal de advertencia chileno aparece como el más prometedor porque indica con claridad cuáles son los alimentos que tienen exceso de nutrientes críticos (azúcar, grasas y sodio) y permite comprender rápidamente qué alimentos son perjudiciales para la salud. Este sistema ha sido avalado, además, por la recomendación de un comité de expertos internacionales libres de conflictos de interés en México.

“Desde FAO no optamos sobre un modelo específico sobre otros, si insistimos que deben ser fáciles y rápidamente entendibles para toda la población. Los resultados del de Chile parece que están mostrando datos positivos sobre el consumo, quizá porque también se complementaba con otras medidas en su Ley, pero muchas de estas medidas son recientes y hay que seguir monitoreando sus resultados”, aclara Rapallo.

En este contexto, Unilever reconoce la necesidad de brindar información comprensible para el consumidor. “Consideramos que la actual proliferación de sistemas nacionales de etiquetado –existen más de 40 diferentes– confunde al consumidor. Creemos que es fundamental que exista un estándar global o regional de etiquetado de alimentos. Por eso, desde Unilever trabajamos para ofrecer información nutricional clara y transparente. En ese sentido, cumplimos con la propuesta de la OMS en pos de tener un estándar global de etiquetado frontal coherente y simple”, señala Karen Vizental, VP de Comunicaciones Corporativas y Sustentabilidad.

Según Vizental,  los modelos con mensajes de advertencia como el de Chile no facilitan la elección del consumidor. “Al contrario, generan preocupación en lugar de informar”, agrega la ejecutiva.

En Argentina, Unilever lanzó productos alternativos como los caldos Balance de Knorr con un 25% de reducción de sodio, que permite ofrecer alternativas e ir evaluando las preferencias del consumidor. Además, continúan con la reducción de sodio en más del 70% del portafolio actual de caldos de Knorr, logrando reducir un 5% de sodio en el último año.

Darinka Anzulovich, referente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), una organización empresarial que reúne a cámaras y empresas de la industria de alimentos y bebidas de Argentina, considera fundamental trabajar proactivamente en una agenda integral que promueva la incorporación de hábitos saludables dentro de una alimentación variada y equilibrada, entendiendo que la misma está influenciada por múltiples variables de índole económica, sociológica, cultural, gastronómica, entre otras.

“El etiquetado frontal  es una medida necesaria pero no suficiente. La educación nutricional es la acción que puede hacer la diferencia en los hábitos de alimentación, generando cambios estructurales y sostenibles en el tiempo”, opina Anzulovich.

La regulación del etiquetado frontal debería contemplar la prohibición de la presencia de dibujos y personajes que tienen impacto en la percepción de la calidad nutricional de los alimentos y en la intención de compra de niños.

En este sentido, desde el año 2006, la Fundación Danone lleva adelante el programa Nutrihéroes destinado a niños de 6 a 9 años. El mismo fue cocreado junto con organizaciones de la sociedad civil cuyo objetivo general es sensibilizar a la comunidad sobre la importancia de adquirir hábitos saludables, con acciones y herramientas pedagógicas innovadoras para prevenir la malnutrición infantil. El mismo se desarrolla en espacios principalmente de educación no formal logrando el mayor impacto posible.

La regulación del etiquetado frontal debería contemplar, además, la prohibición de la presencia de otros elementos, como dibujos y personajes, que tienen impacto en la percepción de la calidad nutricional de los alimentos y en la intención de compra de niños, niñas y adolescentes.

“Los chicos son un grupo de la población especialmente crítico al que prestar atención. Un niño con sobrepeso hoy tiene más riesgo de sufrir obesidad y enfermedades crónicas en el futuro. Invertir los esfuerzos en los niños y jóvenes es la mejor opción para tener consumidores responsables en el futuro y sociedades sanas que ayuden al desarrollo de sus países. Apoyamos decididamente las políticas y marcos regulatorios que no solo ayuden a su mejor educación nutricional, sino que también les proteja de ambientes obesogénicos o publicidad engañosa que implique el consumo de alimentos poco nutritivos”, dice Rapallo.

La FAO cree que buena parte de la solución vendrá dada de la transformación de los sistemas alimentarios. Se necesita una mirada sistémica que haga posible que los diferentes actores tengan entre sus principales objetivos proveer alimentos sanos y nutritivos a toda la población. La FAO por tanto, trabaja primeramente haciendo ver a todos los actores que son parte de los sistemas alimentarios que pueden trabajar mejor para contribuir a reducir el sobrepeso y la obesidad.

“Consecuentemente, estamos junto a los gobiernos y los parlamentos diseñando distintos programas, planes o marcos legales que ayuden a implementar medida de política multisectoriales o sectoriales para enfrentar este problema. Ejemplo de ello podrían ser desde Políticas de alimentación y nutrición en Ecuador o Costa Rica, a iniciativas más específicas como son las de apoyo a los programas de agricultura familiar para producir más alimentos saludables en muchos países. Por ejemplo en 14 países apoyamos los programas nacionales de alimentación escolar, que están en muchos casos siendo actualizados para incluir la prevención del sobrepeso y la obesidad entre sus objetivos”, explica Rapallo.

Experiencias en otras áreas de la salud, como el consumo de tabaco, han demostrado que lograr cambios de comportamiento es difícil y requiere intervenciones que incorporen nociones sobre la motivación, la oportunidad y la capacidad de las personas para cambiar sus hábitos. En consecuencia, para obtener resultados beneficiosos en la salud nutricional será fundamental acompañar la política de etiquetado con campañas de concienciación y educación de la población, así como complementarla con otras políticas para abordar la prevención de manera integral.


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